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sábado, 25 de abril de 2009

21 AÑOS Y UNA SOLA LINEA - Oiga 8/11/1968

En la siguiente nota el jefe de redacción de OIGA, Alfonso Reyes, hace un apretado recuerdo de la trayectoria de este semanario, fundado por mi hace 21 años y entregado desde entonces, intensa, apasionadamente, a la tarea de convencer a las gentes de que sin moral y sin justicia no hay buen gobierno y que no es país libre el que no controle la explotación de sus riquezas. Gracias a la colaboración de un grupo de amigos leales creo que OIGA ha llegado a ser lo que lo que intente en 1948: una voz de aliento a la revolución peruana. Y eso sigue y seguirá siendo nuestro modesto e irrenunciable cometido.

F. IGARTUA

1948. Un golpe militar, un cuartelazo que de revolución solo tiene el nombre, ha restaurado en palacio de gobierno a la plutocracia civilista, que maneja nuevamente al país por interpósita persona: el general Manuel A. Odria. Es la famosa “revolución restauradora”, capitaneada el 27 de octubre por Odria, en Arequipa, y auspiciada desde Lima por Pedro Beltrán, cabeza visible de la oligarquía exportadora. El mismo día del “cuartelazo”, un semanario que estaba en la prensa y que iba a salir denunciando que la derecha quería derrocar al doctor José Luis Bustamante y Rivero para entregar el ciento por ciento de los certificados de divisas a los exportadores –como después se confirmaría– es empastelado por la policía, plegada ya al movimiento, que impide así su aparición. Doce días después mas tarde, sin embargo, el 8 de noviembre de 1948, el semanario lograría ver la luz.

Una línea definida
Se llama OIGA, tiene 4 paginas, cuesta 50 centavos, esta impreso en papel periódico corriente y tiene al frente, como director a un periodista, Francisco Igartua, que viene de hacer sus primeras armas en Jornada primero y después en La Prensa, en la época anterior a la de Beltrán. En su primera pagina, un gran titular: VERDADERO OBJETIVO DEL CIVILISMO: ELIMINACION DEL CONTROL DE CAMBIOS”. En las paginas interiores, otro titular sobre un tema que será permanente en las paginas de OIGA, reclamo constante para redimir del poder extranjero un pedazo del territorio patrio: el petroleo y La Brea y Pariñas. “TRAYECTORIA DE LA INTERNATIONAL PETROLEUM – UN PULPO SOBRE AMERICA LATINA – EL PETROLEO”, se titula el primer disparo periodístico que se hace en esta batalla, finalmente ganada por el Perú hace apenas un año. Allí se dice “la realidad es que la International Petroleum ha convertido un pedazo de nuestro territorio en territorio extranjero. Talara es peruana a medias. Talara es mestiza. Mestiza de gringo y cholo…”. Oiga insta, desde ese momento, a seguir el ejemplo mexicano, que ha cortado los brazos del pulpo imperialista y explota su petróleo para beneficio de su pueblo.

Una constante: luchar por la justicia
En el primer editorial de ese día –precursora de la CARTA AL LECTOR que semanalmente escribe ahora el director de OIGA– hay una explicación y una reafirmación que, a lo largo de sus tres etapas azarosas será una constante invariable: “Aparece este semanario en un momento crítico y lleno de incertidumbre e inquietud para la patria. No creemos venir a salvarla. No somos ilusos. Nos limitaremos a cumplir en nuestro campo, en el periodismo, con lo que nos parece justo. Hemos debido salir algo antes para el público, pero un cambio de gobierno, sorpresivo aunque no inesperado, ha instalado a una junta militar en el poder y nos ha obligado a meditar la justicia de nuestra posición. Y no la variaremos. Seguimos creyendo que sólo la honestidad y él interés, asentados en una doctrina social revolucionaria que sea realizable, podrán hacer la felicidad de nuestro pueblo”.

Tres ediciones, y luego la prisión
Ninguna alusión ni queja por el atropello que retrasó su salida y sí, más bien, una pincelada de humor en la explicación que se da al publico sobre “las fuentes que financian OIGA”, y que tendrá que repetirse cada vez que el sabotaje económico, abierto o embozado, ha obligado al semanario a recurrir a su única fuente de recurso: el publico y los amigos. “OIGA –dice la breve nota– aparece sin otro medio económico que los soles salidos del bolsillo de sus redactores. Que esos soles no son muchos y tenemos el temor de quedarnos en el primer número. Por lo tanto, y sinvergüenza, pedimos ayuda al publico y a los amigos”. Ayuda que nunca será regateada por unos y otros. Pero la primera etapa de este semanario, que mañana cumple 21 años, será brevísima: apenas tres ediciones, entre noviembre y diciembre del 48. La cárcel, obligada escuela de civismo en esa época, interrumpe momentáneamente las inquietudes de Igartua.

21 años
Es en romántico homenaje a esta primera aventura periodística que, 14 años después, el 28 de noviembre de 1962, cuando el semanario vuelve a reaparecer, en una segunda etapa, siempre bajo la dirección de Igartua, lleva un nombre que para muchos es nuevo, pero que ya tenia edad y tenia historia: OIGA. Y es también en recuerdo a esos primeros ejemplares de OIGA, que uno de nuestros lectores y amigos descubrió recientemente en la Biblioteca Nacional, que esta revista, ahora en su tercera etapa, ha trasladado la fecha de su fundación a ese 8 de noviembre de 1948 que alumbró su accidentado nacimiento.

Los mares de OIGA
Tras prodigar “vehemencias e inquietudes” en otra publicación, también fundada y dirigida por el, es que Igartua decide “resucitar” OIGA, en esa primavera de 1962. El primer número de esta nueva etapa tiene ya otro ropaje. Por lo pronto, su logotipo – letras minúsculas, negras, sobre fondo rojo– es distinto al primigenio trazado a mano. Y ya no tiene cuatro páginas, sino dieciséis, impresas impecablemente en offset. Y hay también ya montada una incipiente organización comercial, en la que han puesto todos sus afanes e inquietudes dos hombres que pertenecen ligados indisolublemente a OIGA: Jorge Aubry y Juan Sarda. Aubry es el que alienta la empresa, se compromete a desenredar problemas y pone su nombre y firma como respaldo moral y material a la nueva aventura. Sarda es el hermano mayor, el guía y el consejero del grupo de ilusos – Sebastian Salazar Bondy– que creen posible el periodismo de opinión, de adhesión a principios éticos.

Con la historia
En el Perú gobierna transitoriamente una junta militar –producto del primer golpe institucional de la Fuerza Armada– que ha llegado al poder para impedir la consumación del fraude electoral que aspiraba a prolongar la convivencia apropradista por otros seis años. El viernes 28 de noviembre de 1962 aparece el primer ejemplar de esta nueva etapa.

Un solo espíritu
Es un periódico distinto en la forma, pero idéntico en el espíritu al OIGA de 1948. Hay
La misma adhesión de ayer a la voluntad nacional de renovación, igual devoción por la libertad e idéntico rechazo a las viejas taras de nuestro republicanismo.

Predicando en el destierro
Es este OIGA el que va a alzar bandera por Belaúnde Terry, no por el hombre ni por seguir al caudillo, sino por los principios que él encarna, por las metas que un movimiento de juventudes avizoro y que él se comprometió a alcanzar ante todos los pueblos olvidados del Perú. Y cuando el nuevo régimen reformista triunfa en las urnas, no es esta revista ni sus gentes quienes se aupan en el carro del vencedor, sino que alza su primer reclamo: “La renovación ha ganado las elecciones y debe ganar el gobierno”; y de inmediato insiste en una campaña que será permanente en este semanario, bajo el grito de “!Ahora a moralizar! Con palabras que repite una y otra vez a lo largo del periodo que se inicio en 1963, no deja de advertir: “No es posible reformar siguiendo el consejo de los antirreformistas y nunca, en estos casos, será fecunda una política de concesiones al enemigo, ya que será él, el que termine por dominar la situación, sea por medio de sus propios hombres o de algunos reformistas debidamente ganados a su favor”.

Otro tono
El fracaso de las reformas básicas, la entrega del petróleo, la corrupción y la inmoralidad, son hechos dolorosos que van a confirmar las predicciones de OIGA. Ya para entonces OIGA ha cambiado de formato. A partir de marzo del 65, deja su tono de semanario de combate para vestir ropaje menos espectacular, menos altisonante, pero más difícil de llevar. Como lo explica nuestro director en nota editorial, “morigerar ímpetus, ceñirse estrictamente a los hechos, evitar el comentario estridente, encierra dificultades mayores que lo que pueda imaginar el neófito en este apasionante y variado oficio que es el periodismo”.

La “riqueza" de OIGA
En efecto. Es difícil el tipo de publicación que va a intentar OIGA en su tercera etapa. A la sobriedad que lo obliga el formato pequeño –donde el titulo llamativo cede ante la importancia de la información– se va a añadir infinidad de temas especializados que en una revista de este orden es preciso abarcar: política, cultura, medicina, religión, tecnología, internacional, deportes, amenidades. Esto significa un plantel de redacción numeroso y de primerísima calidad. Cada asunto, por pequeño que sea, va a ser tratado por un especialista en la materia. Un especialista que además, sabe escribir con amenidad y concisión. Todo esto va a demandar un esfuerzo titánico que se lograra y afirmara gracias a la colaboración de la gente identificada con la línea de OIGA que entrega la única riqueza que posee: capacidad e inteligencia.

Otra aurora
Y es así como hemos llegado a este N° 349, de aniversario. A los 21 años, cuando se comienza a tomar enserio el oficio de hombre, muchos de los peruanos que vieron la luz casi al mismo tiempo que el primer OIGA y que estos días se reciben de ciudadanos, echaran una mirada retrospectiva y hallaran que, aunque es negativo el saldo de estas ultimas décadas de nuestra vida republicana, un capitulo promisorio se acaba de iniciar en el Perú. ¡Qué distinto el panorama que atalayo OIGA, cuando 21 años atrás inicio su siempre renovada lucha por un Perú mejor! (A.R)

21 AÑOS Y UNA SOLA LINEA - Oiga 8/11/1968




Claude Dieterich - Diseño gráfico, caligrafía, diseño de letras a mano


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Revista modulor - Carta a los señores Carlos Sotomayor, director de modulor, y demas miembros de esa redacción - Francisco Igartua Director de Oiga


A los señores Carlos Sotomayor, director de modulor, y demás miembros de esa redacción.

Amigos de modulor:

No seria modestia, sino simple y llana tontería, callar que me he emocionado ver que ustedes –maestros en la práctica, no sólo a nivel nacional, del diseño gráfico – se hayan fijado en el grafismo de Oiga y le hayan dado tanta extensión e importancia a una historia que es mi propia historia dentro del periodismo peruano. Me parece ver en ello no sólo el interés del tema sino, sobre todo, la simpatía personal que algunos o todos los miembros del equipo de Carlos Sotomayor me tienen. Es cierto que yo siempre le di importancia singular a la buena imagen que, a la vista, a la vista, debían tener las páginas de los periódicos y revistas. Y ésto a pesar de haberme formado en el oficio por dos grandes del periodismo peruano, Federico More y Guillermo Hoyos Osores, no muy preocupados por las artes gráficas. No coincidí con mis maestros en la importancia que el diseño tiene en el periodismo escrito. Estas dos luminarias de la prensa latinoaméricana –Hoyos todavía en actividad– poco valor le dieron a la presentación gráfica, porque en ellos la escritura, la belleza y la precisión de la forma literaria, junto a la emoción de la actualidad, eran lo esencial en lo que por prensa se ha entendido hasta hace pocos años. Hoy la televisión ha alterado o va alterando algunos de estos conceptos. Es claro que a la hora de teorizar, ambos hablaban de la presentación del periódico, pero para nada tomaron en cuenta la teoría al momento de sus realizaciones. Tanto La Prensa de Hoyos Osores como Cascabel de Federico More pasan a la historia por lo allí escrito, no por su diseño grafico. Quien me inició en la importancia de la presentación de la obra periodística fue Miguel Benavides, fundador y director de Jornada. Fue él quien, a mediados de la década del 40, trajo al Perú las ideas gráficas que estaban de moda en el periodismo europeo. Con Miguel Benavides, en Jornada, trabajé entre los años 43 y 45 y en él admiré su preocupación por la limpieza de la forma. En esa línea he seguido yo, inclinado a una diagramación italo-francesa sin dejar jamás de tener en cuenta los preceptos de More y Hoyos sobre el contenido de la prensa.

Sirva esta larga introducción para ir al grano de esta carta aclaratoria: creo que fue Claude Dieterich, diseñador suizo o austriaco de gran renombre el autor del logotipo de Oiga con su especie de anteojeras. Mi amigo Marcelo Martire contribuyó en otros aspectos del diseño de ese Oiga. Y, para terminar, un detalle histórico del arte gráfico peruano: otro grafista centroeuropeo fue el que realizó el primer logotipo de Caretas, tomado de la revista
Esquire.

Otra vez, mil gracias,

Francisco Igartua,
Director de Oiga

Revista modulor - Carta a los señores Carlos Sotomayor, director de modulor, y demas mienbros de esa redacción - Francisco Igartua Director de Oiga


Revista modulor - Carta a los señores Carlos Sotomayor, director de modulor, y demas miembros de esa redacción - Francisco Igartua Director de Oiga




Acerca del diseño gráfico de OIGA - EL HÁBITO NO HACE AL MONJE, PERO LO IDENTIFICA - por Carlos Sotomayor - Oiga 9/11/1992


El logotipo

El logotipo es un grupo de letras o una palabra completa que se utiliza como imagen. En este caso es el nombre de la revista en forma de membrete, como aparece en su carátula, y es él más importante de los elementos gráficos. En la redacción, es a menudo tanto “vaca sagrada” como huérfano en el olvido. Mirar el logotipo con el nombre de una revista es resumir la historia, la leyenda y el espíritu de una institución perdurable.

Un buen logotipo debe ser legible, apropiado y bello. El primer criterio es medible pragmáticamente y los otros dos se miden de acuerdo con el ojo del lector.

Lo “legible” puede ser cambiado por “reconocible” debido a que el logotipo rara vez se “lee”. Se reconoce como ideograma. Como tal, debe tener visibilidad y carácter.

El actual logotipo de OIGA, fue diseñado en los años sesentas –al iniciar su segunda etapa – por el arquitecto romano Marcelo Martire. Con el nombre en tipografía helvética y compuesto en minúsculas, se publicó en color negro sobre fondo rojo, que enmarca la portada, mostrando una forma grafica distintiva: los “ojos” de las letras “o”, “g” y “a” aparecían en color blanco.

Acerca del diseño gráfico de OIGA - EL HÁBITO NO HACE AL MONJE, PERO LO IDENTIFICA - por Carlos Sotomayor - Oiga 9/11/1992


Muchas veces adquirimos una revista o un diario debido a su excelente presentación. La hojeamos con mucho interés, admiran­do la belleza de sus fotografías, la pulcritud de su impresión, la elegancia de su tipografía, la calidad de su papel Un conjunto de elementos que, en suma, conforman su diseño gráfico y que posee, por si mismo, por ser un proceso ampliamente estético, su propia fuerza de impacto, independien­te del contenido de la información. No es, pues, un accidente que con un simple vistazo a cualquier página de una publicación, diario o revista, se pueda deter­minar con seguridad de qué publicación se trata.

De los pocos semanarios que se edi­tan en Lima, OIGA ha dado reiteradas muestras de una versatilidad gráfica acorde con el avance tecnológico. Des­de su fundación en 1948, y debido al cambio de la composición 'caliente' (en plomo) por la fotocomposición, su as­pecto ha ido cambiando hacia una presentación más moderna, un estudiado uso de los espacios blancos, una nueva tipografía, la utilización cada vez más pronunciada de fotografías en gran ta­maño, una publicidad mejor distribuida y, en fin, una nueva ola de creatividad gráfica.

Y esto sucede así en OIGA porque, sin duda, uno de los aspectos vitales del planteamiento de toda publicación -cualquiera que sea su rubro- lo consti­tuye su diseño gráfico. Destinado a cap­turar un mercado preescogido de lecto­res, no tiene más que una disyuntiva inevitable: cautiva o repele las miradas y ocasiona el juicio instintivo, favorable o condenatorio.

La creatividad estética contribuye a traducir los contenidos en mensajes óp­ticos, capaces de despertar el interés del lector y de hacer más fácil -digerible- la literatura. Esta misión mediadora es la que realiza el diseño, en cuanto discipli­na que articula y racionaliza los conteni­dos, al tiempo que establece los sistemas y formas de valoración de la informa­ción periodística.

La función del diseño
La armonio y unidad entre la forma y el contenido literario -y su mutua dependencia- son dos aspectos importan­tes del periodismo sociopolítico y de actualidad que practica OIGA, por lo que se ha optado por un diseño que le permita al lector percibir con facilidad el material que se le ofrece, procurándose una selección sistemática de los temas y la distribución de los materiales en secciones reconocibles y diferentes, sin complejidad pero con un énfasis mode­rado en la esencia del artículo.

El formato moderno de su compo­sición gráfica se caracteriza por su sen­cillez y claridad, destacando lo más im­portante en cada una de sus páginas (la letra, la imagen, según sea el caso), sin que por ello éstas se conviertan en unidades aisladas, sino que se integran dentro del ritmo visual-informativo que guarda la publicación en su con­junto.

Los diagramas de páginas son parte integrante del plan general y reflejan unívocamente la identidad en el estilo que mantiene toda la revista. Si bien este aspecto se encuentra determinado por el carácter de la publicación, la manera particular de su presentación y el mane­jo del contenido de los materiales ha sido convenientemente resuelto por sus diseñadores, planteando soluciones gráficas que logran un equilibrio entre los títulos (título general, títulos de foto, frases destacadas, etc.), -las fotografías (encuadres, conjunto de fotos, lenguaje propio de cada foto, etc.), la tipografía (combinación estética de familias tipo­gráficas, niveles de cuerpos, etc.), el diseño general de las masas gráficas y tipográficas -en el conjunto de cada articulo y en el conjunto de la revista- y, finalmente, los recursos gráficos para singularizar, unir y dividir materiales (líneas, espacios, tramas, etc.).

Estas características peculiares no son accidentales, sino el resultado de estudios probados a través de 44 años en el enfoque de la composición de la revista. Un elemento importante es el formato. Antes de llegar al actual de 20,5 x 27,5 cm, OIGA ha sufrido algu­nas modificaciones. Comenzó, como todas las publicaciones de la época -la década de los 40-, siendo tabloide. (An­tes de la invención de las modernas rotativas offset, las prensas eran relati­vamente lentas, por lo que resultaba más conveniente imprimir hojas gran­des que hojas pequeñas). Su formato pequeño -medio tabloide:- actual se debe, entre otras modernas razones, a una simpleza también moderna. La comodidad: gran número de personas -léase lectores, entiéndase compradores)- puede aprovechar su viaje en microbús para recorrer sus páginas.

Tipografía creativa
El trabajo de la tipografía constituye una parte importante en el diseño de OIGA. La selección apropiada de tipos, tanto para los titulares -futura y avant garde-como para los textos-souvenir ­determinan no solamente la apariencia del diseño gráfico de la revista, sino que los contornos y el aspecto de las otras sirven al lector como punto de referen­cia de un articulo a otro.

Algunos titulares de OIGA están compuestos enteramente en mayúscu­las. Ello obedece a varias razones: den­tro del mismo cuerpo, las mayúsculas son más grandes de por si que cualquier minúscula y el tamaño cuenta mucho en un titulo, sobre todo si de una nota importante se trata. El aspecto que pre­senta una línea de titular compuesta con mayúsculas resulta más uniforme para si -el 'golpe de vista'- y crea la diferencia con el resto de la composición. De otro lado, los Mulos compuestos en mayús­culas y minúsculas -altas y bajas, pe­riodistas dixit- permiten no sólo la ló­gica mayor cantidad de letras, sino el contraste tipográfico necesario.Si bien, lo anterior es por lo general adecuadamente utilizado en OIGA, puede permitirse una critica en cuanto a los titulares en altas y bajas trabaja­dos en dos líneas o más: la superposición de una de ellas en desmedro de la su­perior perjudica la legibilidad -cuando no la interpretación total del título- y no aporta beneficio alguno al estilo tipográ­fico.

El impacto fotográfico
Por su característica particular, la fo­tografía periodística es el centro de la composición de la página, ya que im­pacta mucho más que el texto y atrae inmediatamente la atención del lector. No es gratuito ni casual que en OIGA, la imagen vaya estrechamente ligada al texto, formando una unidad intencio­nal: no se utiliza como elemento decorativo o complementario, sino como conformante de la noticia.

Medio escrito que convive con los audiovisuales en una década donde la imagen ha sentado sus reales, OIGA procura aprovechar en todo lo posible el apoyo fotográfico. Esto es evidente, por ejemplo, cuando se sabe utilizar una fotografía que podría ser catalogada de borrosa o mediocre, pero que represen­ta el único testimonio de un suceso im­portante: hará noticia a pesar de sus defectos. La destreza está en saber reco­nocerla y darle el despliegue apropiado, y en OIGA se le ha sabido dar, sin temor alguno, una o dos páginas completas.

Como quiera que el estilo informati­vo de la revista conlleva un tono de denuncia, de destape periodístico, se ha impuesto el examen minucioso de las fotografías, utilizándose un acerca­miento de los detalles que de otra mane­ra podrían pasar inadvertidos para el lector. Este recurso -casi exclusivo del diseño gráfico de la revista- guarda co­rrespondencia con los criterios de edi­ción periodística. En muchos casos, la imagen así trabajada y unas pocas líneas explicativas le han bastado al semanario para transmitir un informe noticioso.

En OIGA cobra especial importancia el 'corte' de las fotos, vale decir la deci­sión que toma el diagramador de pres­cindir, en una imagen, de todo aquello que nada añade sino, más bien, resta al valor periodístico de la misma. Igual­mente, es relevante la combinación que se ejecuta entre dos o más fotografías para lograr, en su yuxtaposición o su­perposición, el mayor contraste y la más incisiva fuerza informativa.

El tamaño y la ubicación del material fotográfico es determinado no sólo por el espacio, sino por su rol informativo y la significación qué tiene en relación con el artículo al que ilustra. Se valora la fotografía dándole un determinado ta­maño (a mayor tamaño, mayor valor de la imagen y, por tanto, mayor valor también como noticia o como llamado de atención para el lector).

Las fotografías se adaptan a las medi­das que prevalecen en la revista. Para mayor facilidad en la diagramación, sus tamaños se extienden a unidades completas de una o más columnas. Sin em­bargo, ciertas fotos escapan a esta nor­ma con eficacia; por ejemplo, los peque­ños retratos, por lo general de los autores de una colaboración, que resultarían demasiado grandes al ancho de una co­lumna.

Sin temor al vacío
Una de las características del diseño gráfico moderno es la cada vez mayor presencia de los 'blancos' en la diagra­mación. Estos espacios libres permiten el descanso visual al lector y otorgan plasticidad y movimiento a una página que de otra manera se presentarla gris y sin atractivo. OIGA los utiliza con cierta destreza para resolver los problemas de la disposición y del equilibrio estético. Hay que recordar que uno de los princi­pios de la imprenta es el contraste equilibrado del negro y el blanco, y que cuando más negro es el negro y más blanco es el blanco, por obvio que esto parezca, mejor se leerá la página impresa.

La estrategia de lo gráfico
El hábito no hace al monje pero lo identifica. Por muy objetivos que pretendamos ser, frecuentemente juzga­mos por las apariencias. La habilidad que ha demostrado OIGA para hacer una revista gráfica en un formato pequeño es singular. Son simples recursos de diseño, de encuadre de sus aperturas, de maestría en el manejo de la tipogra­fía.

La diagramación, es decir, el ordena­miento visual de los elementos que constituyen la página, es la última tarea que experimenta la revista antes de entrar la edición en prensa. Ella le da su estructu­ra y la viste para el encuentro semanal con su público. Es una tarea compleja que pone orden en lo que es siempre -y de alguna manera es uno de los en­cantos que tiene esta profesión- una confusión inicial.

Cada etapa de OIGA se ha caracteri­zado por la unidad establecida entre lo periodístico y lo gráfico. O diseño origi­nal, en cuanto a sus principios, se ha mantenido, procesándose los cambios que la tecnología ha permitido. Lo recorrido a lo largo de 44 años evidencia su intención de marchar de la mano con los tiempos. Y el aporte de OIGA al diseño gráfico peruano es el fruto de la 'puesta en página', semana a semana, de la actualidad.