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viernes, 26 de junio de 2009

FRANCISCO IGARTUA - Ultima sesion de directorio de Editora Eusko Andina S.A


ACTA DE SESION DE DIRECTORIO

En la ciudad de Lima, siendo las 16:00 horas del día viernes 01 de setiembre de 1995, en el local de la sociedad, sito en Paseo Parodi Nº 508, San Isidro, se reúnen los siguientes Directores de la Empresa Editora Eusko Andina S.A, Srta. Carolina Arias Córdova y el Sr. Francisco Igartua R. actuó como presidente la Srta. Carolina Arias y como Secretario el Sr. Francisco Igartua, dejándose constancia expresa de que se cuenta con el Quórum de Ley a fin de adoptar los acuerdos materia de la convocatoria.

Hizo uso de la palabra la Srta. Carolina Arias para efectos de presentar su renuncia irrevocable al cargo de Presidente del Directorio y Gerente General, dejando constancia de su agradecimiento por la confianza depositada por el Directorio desde su ingreso en 1978 a la fecha. A su vez manifestó lo siguiente e hizo entrega de un informe y sobre la situación con la venta del inmueble:

1. Todo el personal de Empresa Editora Eusko Andina S.A. ha sido debidamente liquidado de acuerdo a Ley.

2. Con la venta neta de la publicidad se cancelara parte de la deuda de las AFP que quedarían en la siguiente situación.

Deuda Pendiente

AFP Horizonte S/. 4,093.66 CANCELADA

AFP Nueva Vida S/. 2,360.92 CANCELADA

AFP El Roble S/.45,000.00 CANCELADA

AFP Horizonte S/. 4,093.66 CANCELADA

3. Saldo Pendiente al Banco Continental S/. 17,595.55.

4. Deuda por servicio de teléfonos US$/. 2,500.00.

5. Deuda IPSS S/. 124,000.00.

Con respecto a la deuda del IPSS se les ha insistido permanente por escrito, entrevistas y llamadas telefónicas desde hace un año atrás para que cumplieran con el Contrato 1814-6CRM-94, e inclusive 15 días antes de la aparición de la ultima edición Nº 756 programada para el 5 de setiembre, se envió una comunicación por escrito con fecha 21 de agosto, manifestándoles que la última opción de poder cancelar nuestra deuda pendiente, era con la publicación de un suplemento de 16 o 30 paginas, si así lo preferían, lamentablemente no respondieron.

6. Deuda Tributaria SUNAT.

Saldo pendiente D.S. Nº 048-94-PCM S/. 163.50

Deuda Enero desde 1994 a la fecha S/. 720.00

Asimismo, se envió una carta con fecha 21 de agosto de 1995 y se tuvo una entrevista personal con el Sr. Adrián Revilla el día viernes 25 de agosto, para explicarle la situación y lamentablemente no aceptaron nuestra propuesta.

Hay que dejar la debida constancia, que de la misma manera se trabajo durante mas de un año exclusivamente para insistir permanentemente, vía cartas por escrito, así como entrevistas con las máximas autoridades, tanto publicitarias, como con los Sres. Guerra García y el propio Superintendente, para efectos de explicarles nuestras propuestas y solicitarles que hagan efectivo su contrato de canje publicitario.

En ese aspecto dijeron que los iban a estudiar; jamás nos respondieron y antes de los 15 días de la aparición de la última edición, se les volvió a solicitar que con un suplemento de las páginas que fueran necesarias podía la Empresa Editora Eusko Andina S.A. pagar sus deudas, lamentablemente no fue aceptada.

La Srta. Arias, asimismo, manifestó que en el caso de que se decidiera reflotar la empresa, de acuerdo a las varias propuestas, allí se tiene el estudio elaborado por IMASSEN con fecha 25 de junio de 1995 y en el supuesto caso con los futuros accionistas no se llegase a ningún acuerdo, ella recomendaba que la empresa debería declararse en INSOLVENCIA por medio del D.L. 26116. También explicó que todos los detalles y procedimientos están en el informe que se ha entregado al Sr. Francisco Igartua.

Con respecto a la parte contable, se ha solicitado al Sr. Max Meza para efectos de que prepare un balance general de situación al día con todos los respectivos intereses y con toda la información al día para que se pueda proceder ya sea para el relanzamiento y /o para la presentación a la insolvencia de INDECOPI, para ambos casos estamos a su disposición para cualquier situación, suya y/o del nuevo directorio.

Se deja debida constancia, que se trabajo hasta el último momento intentando dejar saneado sobre todo la parte tributaria, lamentablemente pareciera que razones políticas no permitieron que así fuera. No habiendo más asuntos que tratar, se suspendió la sesión a fin de redactar la presente acta, la que fue leída y aprobada sin observaciones, firmándola en señal de conformidad. Luego se levanto la sesión siendo las 19:30 horas.

FRANCISCO IGARTUA - INCOMODANDO AL PODER - EL CHITO RIOS


Reproducimos el fragmento de un testimonio escrito por Ricardo Uceda en su libro “Muerte en el Pentagonito”, referente a la intervención de la revista Oiga en la identificación de los miembros apristas del grupo paramilitar Rodrigo Franco:

“Sin embargo, el 7 de agosto de 1989 ocurrió el hecho imprevisto: “El Chito” fue fotografiado por la revista Oiga en un bar de Lince feliz entre varias botellas de cerveza. Afuera lo esperaba el auto a su servicio, un Toyota Crecida AG-8211, que resultó ser un vehículo de la Policía. La difusión de las fotos causó un escándalo y puso en un verdadero aprieto al Ministerio del Interior. Aún así este golpe sería insignificante comparado con el hecho imprevisto

Luque llamó a Ríos de urgencia. Pálido como nunca antes, le mostró unos papeles impresos que, según dijo, correspondían a un extenso informe que la revista Oiga estaba imprimiendo. Luque –Ríos no sabía como- se enteraba de lo que publicaban Oiga y Caretas antes de que las revistas circularan. El artículo que le pidió leer se titulaba: “Confesión de un desertor del Comando Rodrigo Franco”. Narraba con lujo de detalles la organización que funcionaba en la casa de la avenida Dos de Mayo: quién era quién, como operaban, que ilicitudes cometieron…”

lunes, 22 de junio de 2009

FRANCISCO IGARTUA – SIEMPRE UN EXTRAÑO - 1995

“Nunca entendí por que en el Perú se destruían los hombres de valer unos a otros. Hoy veo esa política como un crimen contra el país. Es irritante que tantas generaciones de hombres inteligentes hayan pasado por la vida peruana sin haber podido dejar nada de lo mucho o poco que poseyeron para darle a su comunidad; porque otros hombres, también inteligentes, les cortaron el paso no dejándolos florecer y entregar sus frutos. ¿Cuándo aprenderemos a convivir honestamente dentro de una pacifica discrepancia?”. FRANCISCO IGARTUA - Siempre un extraño - 1995

sábado, 20 de junio de 2009

FRANCISCO IGARTUA – SIEMPRE UN EXTRAÑO - 1995 - "Un diario le sirvió de asilo"

Francisco Igartua Rovira

El vuelo de Santiago a Lima fue largo por la emoción del regreso. Francisco no pudo leer una línea ni dormir un minuto durante el viaje. La conversación con Holt y el corresponsal del New York Times, la seguía a medias y en algunos momentos se iba de ella por completo. La aventura había sido emocionante, pero muy dolorosa la separación de Ella. En muchos momentos había sido insoportable tenerla lejos. Pero volvía y volverían a estar juntos. También extrañaba Caretas, su obra, su esperanza, su buena sociedad con Doris Gibson. La lucha política lo reclamaba y el estaba obligado a no rehuirla. Más cuando se iniciaba la campaña de zapa contra la dictadura.

Al llegar a Lima, por simple precaución les pidió a Holt y al corresponsal americano que bajaran los tres juntos.

-Por siaca.

Y los dos asintieron en que la idea era prudente. Lo flanquearían desde la escalera de bajada a tierra.

¡Ni que hubieran sido adivinos!

Al pie del avión lo esperaba a Francisco media docena de investigadores que le bloquearon la entrada.

-Usted no puede ingresar. Debe volver al avión y seguir a Panamá.


El que le hablaba era un zambo alto, colocado detrás de los dos que le cerraban el paso. Otros tres vigilaban de cerca.

-¡Aquí esta mi pasaporte con el visado correspondiente!

-No sé. Es la orden.

-¡Aquí esta mi visa! –grito Francisco apoyado en los dos norteamericanos.

-No puede pasar.


-¿Cómo que no puedo? –y se agarro a los brazos de sus dos amigos-. Si quieren me suben a patadas, Pero aquí se arma un escándalo de los mil diablos y tengan ustedes presente que estos dos señores son periodistas extranjeros que darán cuenta en el mundo del abuso que están ustedes cometiendo. ¡Aquí esta mi visa! Y si quieren ­–volvió a insistir- me suben a la fuerza, pero en el mundo se sabrá que grado de dictadura hay en el Perú. Estos dos periodistas harán pública su protesta por lo que están viendo.

Del brazo de Holt y del corresponsal del New York Times, comenzó a caminar por la explanada. Los policías comenzaron a desconcertarse…

Los tres siguieron avanzando hasta llegar al hall de la Corpac. Detrás de la barandilla de metal dorado estaban Ella, Doris y su hermana Mima.

De pronto el se separo de los norteamericanos y salto la barandilla. La cogió del brazo a Ella y los cuatro salieron corriendo a la calle. Tomaron un taxi y el ordeno:

-A El Comercio, a toda prisa; cobre lo que quiera.


El que hubiera estado hablando de El Comercio hacia unas semanas, justo en ese mismo aeropuerto, fue lo que le dio la idea. El periódico tenia la puerta abierta día y noche y la policía –que con toda seguridad los iba seguir de inmediato- no se le ocurriría que buscaría refugio en un periódico. Para los de la “secreta” trataría de asilarse en una embajada y las embajadas siempre tienen sus puertas cerradas…

Exactamente, a los pocos minutos, dos autos policiales lo seguían de cerca. Ella lo agarraba fuertemente de la mano, mientras el pensaba como salir a la carrera del auto y como meterse a la dirección del diario o, mejor, a la jefatura de la redacción, que era la de mas fácil acceso.

Se cambio de sitio con Doris para quedar junto a la puerta derecha del auto. Desde allí, de un salto, estaría dentro de El Comercio. Y así fue. En segundos, Francisco se hallo en la oficina de su viejo amigo Emilio Armaza, jefe de redacción del diario de La Rifa desde poco después que salio de La Prensa junto con Francisco. Armaza contestaba en ese momento el teléfono. Y antes de que colgara el fono, irrumpieron en la oficina los policías. Dirigiéndose a Armaza lo conminaron, mostrándole sus placas:

-El señor tiene que salir de aquí, nos debe acompañar.

-Perdón señores -respondió Armaza después de terminar su conversación telefónica-, el señor Igartua esta aquí de visita. Ha venido a ver a don Luis Miro Quesada y no saldrá hasta que no termine su reunión con don Luis.


-Pero…

-No hay nada que añadir. Además, a don Luis no le agrada la presencia de los policías en la reducción. Por favor, señores afuera, si quieren en el hall de la entrada o en la calle.

Todo esto lo decía Armaza sentado en su escritorio, inmutable.

Los investigadores se retiraron desconcertados, cabizbajos.

Francisco, mudo, seguía sentado frente a Armaza.

-Don Luis ha dado orden de que no te dejemos sacar de aquí. Ni siquiera a la fuerza.


A los pocos días el mismo don Luis Miró Quesada le explico a Francisco que, al momento de salir del auto, lo vio su cuñado, García Irigoyen, y en un ese instante lo llamo por teléfono y él a su vez, de inmediato se comunico con Armaza. Ocurrió, por suerte, que todos estaban en sus puestos al lado del teléfono y que los aparatos se encontraban desocupados.

Eso de “ni siquiera a la fuerza” no era una frase; al poco rato apareció, con su caminar cansino y su pelo plateado, Rolando, el hombre de confianza de don Luis y jefe de la seguridad interna del periódico. Lo acompañaban varios guardias armados.

Ese día y el siguiente los pasó Francisco encerrado en El Comercio, durmiendo en una oficina del segundo piso que se habilito como improvisado dormitorio. Solo lo visitaba, Ella, Doris y su hermana Mima, con quienes almorzaba y comía.

En todo ese tiempo no apareció un Miró Quesada por el periódico.

-Cualquier incidente –explico después Don Luis- con cualquier miembro de la familia hubiera agravado innecesariamente la situación.

Toda la manzana estaba rodeada de investigadores y policías mientras el periódico negociaba con el gobierno.

Pero en la prensa de Lima no se publicaba una línea de lo que estaba ocurriendo.

Solo al tercer día apareció el doctor Guzmán Marquina, presidente de la Asociación de Periodistas, amigo de Francisco, con la propuesta de solución: en compañía de él, representante del gremio Francisco visitaría al Ministro de Guerra, general Romero Lobo, en su casa de Barranco, no en el Ministerio. Y allí mismo el jefe de la Policía de Investigaciones y el jefe del Resguardo Aduanero le darían ingreso oficial al país. Así quedaría concluido el incidente y no se tocaría más el tema. Mejor dicho el “incidente” quedaría silenciado.

No eran épocas con posibilidad de ponerse bravo. E, indudablemente, El Comercio intervenía con sus buenos oficios patrocinando un acuerdo sin ganadores y perdedores.

Francisco acepto y, en compañía de Doris Gibson, visito al general Romero Lobo. No hubo problemas para salir de El Comercio. En la mañana había desaparecido el cordón policial de la manzana. El introductor ante el ministro fue el doctor Guzmán Marquina.

Hubo sonrisas, chistes y alguna broma sobre Alejandro Esparza Zañartu, el factótum del Ministerio desde la Dirección del Gobierno, a quien el acuerdo había marginado, queriendo, al parecer, hacer notar que el ministro no estaba pintado en la pared. Aunque lo más probable habría sido que Esparza no quiso dar su brazo a torcer y al final transo con un “hágalo con otro”. Tampoco El Comercio era santo de la devoción de Esparza, pero a tanto no podía llegar su prepotencia.

Sacar a Francisco asaltando el periódico hubiera sido demasiado. El escándalo internacional habría tumbado al Gobierno de Odria.

Al jefe de la Policía de Investigaciones, que aseguro estar dispuesto a dar la vida por su ministro, el general Romero Lobo le respondió con una broma muy sobria que lo dejo muy mal parado. Fue algo como “no afirme eso, señor, porque no lo voy a querer a mis ordenes; no desearía ser responsable de la muerte de tan eficiente funcionario”. Al final se sirvió una copa y, previas palabras de Guzmán Marquina, brindaron “por el feliz reingreso al Perú -aunque algo irregular- del director de Caretas”.

Todo, sin embargo, quedo silenciado. Nada de lo ocurrido se hizo público. El siguiente editorial de la revista fue una especie de “como decíamos ayer”. Francisco se limito a una pequeña referencia al “obligado viaje a Panamá”. La correspondiente compuesta de El Comercio sobre el tema fue parecida.

De este modo se inicio una estrecha amistad entre Francisco y don Luis Miro Quesada. Una amistad que nació, quien sabe, no tanto por el hecho mismo del asilo como por la mutua por la mutua simpatía que surgió espontáneamente durante la charla que sostuvieron después que pasaron los “incidentes”, Ocurrió en la visita de cortesía que Francisco le hizo a don Luis en su despacho de la Calle La Rifa.

Aunque de temperamentos muy diversos y hasta disonantes en algunas posiciones, Francisco quedo subyugado por la recia personalidad de don Luis, por su sutileza para enfocar los temas y los problemas, su rápida percepción de las situaciones políticas y su prudente accionar cuando se trataba de asuntos que consideraba fundamentales.

-En cuestiones de libertad de expresión hay que ser siempre categóricos y no callar ningún atropello a la libertad de prensa. Siempre hay que protestar por la prisión o la deportación de un periodista, sea quien sea este (la única excepción, por razones muy personales
–el Apra había asesinado a su hermano y a su cuñada-, eran los apristas). La protesta por lo demás colegas es una especie de seguro para uno mismo.

Y siguió en tono muy confidencial, sabiendo seguramente que unos meses antes, en un apuro que tuvo Francisco con la policía, La Prensa de Beltrán no lo dejo refugiarse en su local:

-Por ejemplo, no le extrañe a usted que, tal como van o van a ir las cosas, puede caer en la cárcel el señor Beltrán. Eso no ocurriría conmigo.


Pareció voz de adivino porque, pocos años después, cuando La Prensa se paso a la oposición y reconoció que la dictadura no es un sistema apropiado para el desarrollo equilibrado de un país, don Pedro Beltrán y su gente fueron tomados presos y encarcelados en la Isla, en El Frontón.

Su percepción del futuro, sin embargo, no lo dejo vislumbrar algo muy remoto: el atropello a todos los diarios y al propio don Luis, en mil novecientos sesenta y cuatro, cuando el Perú, gobernado por el General Velasco, corrió el riesgo de volverse otra Cuba.

De esa larga charla, que fue una verdadera lección de periodismo político; de sapiencia en el manejo de las vanidades humanas; de estrategias a emplear frente a las prepotencias de los poderosos y a las debilidades morales del enemigo; de inteligente hurgar en la capacidad del adversario; desde aquel entonces, el joven Francisco y el viejo don Luis fueron tejiendo una muy bella y calida amistad.

Tampoco se podría, sin embargo, no tomar en cuenta para entender esa relación el hecho mismo del asilo. Se trataba de algo que, por un lado, debía enorgullecer a El Comercio y que, por otro, había impedido que Francisco fuera a caer de nuevo en el insoportable asador panameño. Por primera vez en la historia del periodismo, el edificio de un diario, igual que las catedrales de la Edad Media, había servido de asilo a un perseguido

sábado, 6 de junio de 2009

FRANCISCO IGARTUA ROVIRA - por Jhon Bazan Aguilar

Francisco Igartua Rovira

Hace 5 años partio hacia la eternidad

“El ha dejado un camino trazado,
Y desde la eternidad nos invita a caminarlo”.


Cinco años se cumplen de la dolorosa ausencia del amigo y maestro, un lustro que en la historia del periodismo son casi nada, pero que en el recuerdo de quienes lo conocimos sigue representando una herida abierta sujeta a reivindicación. Francisco Igartua Rovira falleció el 24 de marzo de 2004, tras mas de cinco décadas de contestataria presencia en el periodismo peruano.

Quijote del Periodismo es quizás el mejor calificativo para “Paco” Igartua, talentoso hombre de prensa que vivió entre dos centurias y que ha dejado una huella, un ejemplo y una trayectoria que difícilmente se ha de borrar. Revistero insigne y a tiempo completo, como se calificaba él mismo, siempre se situó en el justo medio, en ese difícil equilibrio entre los de arriba y los de abajo, entre los conservadores y los incendiarios, buscando la reflexión y el consenso en torno a los destinos del Perú.

Heredero, devoto y amigo del ilustre panfletario Federico More, lector de Miguel de Unamuno, respetuoso admirador de José Luís Bustamante y Rivero, a quien llamó Patriarca de la Democracia, Igartua supo ser toda su vida consecuente con estos insignes referentes: De More tomó la posta de un periodismo punzante y apasionado, y como él probó también las amarguras del destierro; de Unamuno aplicó su afán libertario, y su férrea defensa de las libertades de opinión y de prensa. Del ilustre patricio mistiano, derrocado por Odría en 1948, no solo tomó su prédica de luchar por un Perú distinto sino también el pretexto para fundar “Oiga” su más fecunda y azarosa creación en el periodismo nacional.

Como era previsible, el Oiga del 48 apenas si duró algunas semanas, y es que era un panfleto, así había sido diseñado, una protesta visceral frente al abuso y la prepotencia de una dictadura. Más tarde vinieron otros “Oigas”, más centrados en su vocación indeclinable de periodista político, pero al cabo de un tiempo también terminaron cerrados por el poder de turno, pues era una revista que no se casaba con nadie, que no tenía otro precio ni otra misión que el derecho del lector a saber la verdad.

En el interín dejó otro legado: la fundación de “Caretas”, con la entonces inquieta y dinámica Doris Gibson, y cuya dirección periodística detentó por muchos años. Era también este proyecto, desde el nombre mismo, una protesta contra la dictadura de turno (los 50s de Odría), inspirándose en la famosa “Caras y Caretas” de Buenos Aires, de la cual con aguda ironía solo tomó la segunda parte, pues las libertades en el Perú estaban tan recortadas que difícilmente podría entonces hablarse de “caras” sino solo de “caretas”.

Por su resistencia a parcializarse sectariamente con los extremos, Igartua se ganó la animadversión de tirios y troyanos. La derecha lo llamaba comunista, y los comunistas le llamaban entreguista, pese a que él siempre se autocalificó como “de izquierda”. Fue adversario inflexible, pero también amigo, de quienes desde otras trincheras le decían de todo, como Genaro Carnero Checa, periodista comprometido con las ideas marxistas –fundador de una también mítica revista política con el nombre del año en curso-.

Leámoslo de su propia pluma: “Oiga es de izquierda porque, sin satanizar a nadie ni a nada que no sea la corrupción y la inmoralidad, se siente al lado de los humildes, de los necesitados, y no de los ricos; porque le repugna el dogma y propicia el diálogo sin barreras; porque abomina cualquier inquisición; porque cree que no hay mayor castigo para un pueblo que el mantenerlo en el oscurantismo, en la sumisión a «verdades» administradas por una jefatura maniquea, omnisciente y omnipotente; porque estima que no hay desarrollo popular sin libertad para informarse, pensar, expresarse y elegir; porque no admite que los pueblos sean como niños, pasibles de tutela. En otras palabras, Oiga se confía en lo que dijo don Quijote, el caballero de la Triste Figura, a Sancho, su escudero, ilusionado aspirante a gobernador de ínsulas: si alguna vez se ha de doblar la vara de la justicia, que sea a favor del pobre, del desvalido, y no del poderoso”.

En noviembre de 1974 fue deportado por expresar su protesta contra la estatización de la prensa del régimen velasquista. No le animaban rencores ni revanchas cuando años más tarde, al editar “Oiga78” explicaba: “No era asunto de contener el proceso revolucionario -con el que yo estaba y estoy de acuerdo porque el Perú se ahogaba en el inmovilismo-, sino de enrumbarlo hacia la racionalidad, poniendo de lado la improvisación infantil, el disparate de la ignorancia y el rencor y el odio, que ni son revolucionarios ni tienen nada que ver con la ciencia económica”.

Es que así era de grande este caballero de pluma en ristre y consecuente con sus ideas. El editorial de “Oiga” que escribió en la edición del 31 de Julio de 1990 tras asumir Fujimori la Presidencia de la República fue una especie de profecía anunciada, al criticar su poco convincente proclama anticorrupción y de apego a la ética, y su evidente vocación paternalista proclive a sentirse “por encima del bien y del mal, dispensador de favores y castigos. Es hacer del mandatario -el que recibe mandato- un emperador. Es la negación de la democracia; es la quiebra de la institucionalidad”.

Su consecuente crítica a los crecientes atropellos fujimontesinistas, sobre todo a raíz del autogolpe del 5 de Abril de 1992, determinaron que a la larga “Oiga” sucumbiera abrumada por las deudas, especialmente tributarias. El 5 de setiembre de 1995 se produjo su cierre definitivo y el 16 de noviembre de ese año transfirió los derechos de la marca Oiga a favor de terceros, a fin de cancelar dichas deudas generadas por el acoso fujimontesinista y el pago de los beneficios sociales de sus 60 trabajadores.

Ese era Francisco Igartua. Vio y dejo morir a su revista, su máxima creación periodística, para no hacer sucumbir aquellos principios que enarbolo por más de medio siglo de periodismo. El ha dejado un camino trazado, Y desde la eternidad nos invita a caminarlo.

lunes, 4 de mayo de 2009

FRANCISCO IGARTUA: "He cometido muchos errores en la vida, pero nunca he vendido mis principios"




IGARTUA - EL JOVEN CON TALENTO NUNCA FALLA por Orazio M. Potesta Z.

Fundó primero la revista Oiga en 1948 y luego –en sociedad con Doris Gibson— el semanario Caretas en 1950. Desterrado, perseguido –y con el tiempo ensalzado por sus amigos, Don Paco Igartua es un testigo excepcional de nuestra historia republicana en los últimos 50 años. La revista Oiga, la bandera de su lucha, ha dejado de palpitar, es cierto, pero basta su ejemplo para comprender que quienes gozan del poder son tan humanos y finitos como un mismo y que por ello no es posible tenerles miedo. Los errores y la negligencia se gritan al cielo, fuerte… Esa es la labor del periodista. Bienvenido a Retorno, Don Paco.

Entrevista: Orazio Potestá [1996]

Don Paco: Parece mentira que hace más de un año, Oiga, la radical, dejará de circular. ¿Recuerda la carajeada que le dio cuando manché dos fotografías con tinta azul?
Si no me falla la memoria, eran dos fotos de una nota que hiciste sobre narcotráfico. No había copias en el archivo, eran fotos únicas porque mostraban la presencia de pistas clandestinas en la espesura del bosque, cuando el gobierno se rasgaba las vestiduras jurando que no quedaba ni una sola. Te merecías esa carajeada.

En el número de Oiga que conmemoró sus 50 años como periodista, en 1992, Mario Belaúnde, viejo amigo suyo, tituló un artículo sobre Usted con un sugestivo “Nacido para Joder”. ¿Cómo recibió esa peculiar calificación?
Más que nada, fue por la rebeldía que según mis amigos y enemigos siempre me acompañó. Decir la verdad en voz alta y defenderla con la vida si es necesario puede considerarse como rebeldía, pero para mí es parte de una obligación moral.

¿En su trayectoria como periodista desarrollo algún instinto especial para detectar a los jóvenes con talento?
Mira, al joven con talento se le detecta al instante, y no es por que yo haya desarrollado un “instinto especial” como tú le llamas. Un joven talentoso se delata cuando cumple todas las tareas encargadas así tenga que dar la vida para lograrlo, con dedicación y pulcritud. Se muestra interesado en aprender, pregunta sin miedo a los de más experiencia, llega temprano y no respeta el horario de salida. Observa todo lo que le rodea y aprende tanto de sus errores como de los ajenos.

Usted, Don Paco, siempre estuvo en contra de la profesionalización de la carrera: ¿Cree que un periodista nace y no se hace en las aulas?
Así como un pura sangre nace con condiciones innatas para el tranco largo y el triunfo, el periodista nace. La vocación periodística no se enseña en las aulas de clase, es algo que nace adentro, como los sueños sin explicación y que solamente nosotros podemos disfrutar con su ejercicio: Es imposible hacer sentir a otros lo que sentimos siendo periodistas. Por ellos somos incomprendidos y casi siempre apartados de la familia y de los amigos.

El periodismo es un estado de ánimo, una conciencia que nos roba poco a poco la vida, haciéndonos sufrir. Pero, paradójicamente, disfrutamos con eso. Un joven que desea iniciarse en ese apostolado debe estudiar literatura y todas las ramas de las humanidades. Por eso rechazo la profesionalización de la carrera. Y todo porque el joven debe tener una cultura general tan sólida que avasalle y pueda enfrentarse con su verdad y mucha confianza a cualquier ser humano de la tierra, bueno o malo, ángel terrenal o demonio.

Aunque pueda pecar de obvio… ¿Cuál debe ser la misión del periodista en un país como el nuestro?
En cualquier etapa de la historia, la misión del periodista será informar, orientar y educar a la población. Orientar de acuerdo a normas morales y éticas. El periodismo que se convierte en fábrica de embutidos deja su esencia en el tacho de basura. Por desgracia, los medios de comunicación de hoy, que no son los escritos, le han dado a la noticia una categoría de producto lácteo al venderse de forma irresponsable: Le dan más énfasis al “gusto” y no al análisis concienzudo de la noticia.

¿Qué se privilegia?
Se privilegia el negocio, cosa que antes no sucedía.

Cerrada Oiga… ¿A qué de dedica Don Paco?
Ahora dedico más tiempo a escribir. He preparado un libro de ensayos en base a textos escritos por mí y a conferencias que he dictado en el Perú y el exterior.
También preparo el segundo tomo de mis memorias, obra que para mí es entrañable porque vuelco etapas muy significativas de mi vida. Como verás, ahora conviene mucho descansar y cuidar un poco la salud, resentida luego de tantos años de colerones y pasiones.

Su primer libro se titula “Siempre un Extraño”. ¿Puede ser un extraño Usted que ha luchado siempre para descubrir los rostros que se esconden detrás de una careta?

¿Te refieres a aquella revista que fundé?

No. Hablo del derrumbe de muchos ídolos falsos…
Don Paco empieza a leer un manuscrito: El libro no es una biografía, es la descripción de mi temperamento, descripción imprecisa pues es tarea sin fin aquello de “Conócete a ti mismo”. Estarían a flor de papel mis sentimientos, mis amores, malquerencias y mi rechazo a quienes no han sido de mi estima, sin que falten mis ascos por los repudiables. Ese libro es mi autorretrato, bueno o malo pero es eso: La descripción de mí mismo en algunos retazos de mi vida.

El título del libro fluye del texto. Refleja esa indefinible sensación que me ha acompañado largos trechos en el camino de mi vida, ese sí pero no, ese estar y no ser o al revés: Ser y no estar dentro de las sociedades a las que el destino o la sangre me ha ligado.

Una vida de pasión y sobresaltos no entiende de medias tintas, Don Paco…
Coge un papel y lee con pausa:
Mi testimonio es directo, desde la fuente misma de los hechos y sin estar comprometido con ellos, aunque esa sutileza no la entienda la policía y menos los políticos. Dentro del tráfago político he sido como un espectador en una obra de teatro, pero no sentado en platea o en palco, sino viendo y tocando todo dentro de los bastidores y metido en el mismo escenario. No me han faltado, pues, desencuentros gratuitos, persecuciones, prisiones y destierros.


DEMOCRACIA E INSTITUCIONES DESTRUIDAS
Una de sus grandes preocupaciones, desde su trinchera en Oiga, fue la defensa de la Democracia. ¿Cuál es su percepción sobre el debilitamiento de las instituciones en el Perú de hoy?
No están debilitadas, amigo, están destruidas. Y esto es parte del modelo político que anhela convertir al Estado en ese monstruo filantrópico del que habló en su momento Octavio Paz, lo que constituye el gran pecado de todas las dictaduras de América Latina.

Una reciente encuesta ubicó al Congreso de la República como la institución con menos credibilidad en el país ¿Qué opinión le merece eso?

Eso es lógico porque todos los elementos de la mayoría gobiernista se encuentran moralmente descalificados por su excesiva obsecuencia con el gobierno.

El resultado de esa encuesta nos permite pensar que la ciudadanía empieza a despertar para pedir cuentas a un régimen que se aprovechó de la confianza brindada a brazo partido…Pienso que sí, aunque ese despertar ha sido muy lento. La gente se está dando cuenta de que el mentado desarrollo no ha llegado a sus bolsillos. Ahora, el pueblo peruano es más pobre que nunca. El nivel salarial se mantiene igual y el desarrollo educacional permanece atrofiado debido a que las universidades recién creadas solamente satisfacen la demanda de la élites.

LA PRENSA ESCRITA NO MORIRÁ
Muchos coinciden que con el avance de las nuevas tecnologías de la comunicación, la prensa escrita, aquella donde se formó Usted y José Carlos Mariátegui, desaparecerá, Don Paco…

Don Paco nos pide una pausa para traer unos apuntes. Parece ser el texto de un discurso:
La prensa escrita, letra por letra, sufrirá algunos cambios pero no morirá. La magia, el embriagante estilo de la letra de molde no desaparecerá por obra de las palabras radiales –que se las lleva el viento– o de la imagen que no nos permite centrar nuestra atención en el significado del discurso. La palabra volandera jamás nos dará la seguridad que nos brinda la letra escrita, ese texto que podemos leer y releer por placer, para confirmar o rectificar lo que no estuvimos seguros de entender.

¿En qué son diferentes los periodistas de los medios escritos y los de la televisión?
Hay que considerar que la televisión no la hacen los periodistas, la hacen los empresarios. Y ese medio no es un apostolado, es un negocio que coquetea con el poder y a donde los periodistas llegan para obtener mejores salarios. César Hildebrandt, por ejemplo, es una excepción a la regla porque asume la profesión como una forma de compromiso social.

Si bien muchas personas extrañan el tono discrepante de Oiga, existe la sensación de que su cierre ha pasado un tanto inadvertido…
Inadvertido no sé hasta qué punto, porque hay personas que me llaman y escriben a la casa para preguntarme cuándo salimos nuevamente. Claro que todavía hay muchos que increpan la impulsividad y la radicalidad de Oiga en contra del gobierno.

Es necesario que en el Perú haya quienes defiendan su verdad en voz alta, Don Paco…
Es cierto. Nadie es dueño de la verdad y por eso todo el mundo debe decir la suya y defenderla con pasión, porque lo contrario es la media voz y el temor de decir las cosas de frente. Y ese es un gran problema nacional que destacó en su momento Manuel Gonzáles Prada.

Si censuran nuestra revista, le vamos a tocar la puerta para pedirle algunos consejos…
Quizá la cierren, pero no podrán matarla.

domingo, 3 de mayo de 2009

FRANCISCO IGARTUA - EDITORIAL – “COMO DECÍAMOS AYER Y ANTEAYER…” - Revista Oiga 16/01/1978


A fines de 1974, por decir rotundamente ¡NO! a la estatización de la prensa, por denunciar lo que en la práctica resultó ser la liquidación de la libertad de expresión en el Perú, fui deportado y tuve que vivir hasta hace pocos meses en el destierro. También salí al exilio porque, fiel a la conducta de Oiga en materia de riquezas naturales, había juzgado ilegal y deshonroso para el país el contrato petrolero firmado aquellos días, en la penumbra, entre el gobierno y dos empresas japonesas. Salí al destierro cuando comenzaba a dar muestras de asombro frente al intento -infelizmente ya culminado- de construir un triunfalista y multimillonario oleoducto de la selva a la costa, mientras la realidad, el interés de los peruanos -los propietarios de las riquezas naturales del Perú- nos exige afirmar la personalidad peruana de la Amazonía. Y e! buen razonar y hasta las conveniencias económicas futuras aconsejan usar y no abandonar nuestros ríos selváticos, para hacerlos así más peruanos; para que nuestras fronteras amazónicas sean vivas por la presencia masiva de nuestra gente en la zona y por la actividad industrial y comercial que allí se puede realizar. Porque el propósito de usar nuestros ríos no es el absurdo traslado por agua del petróleo selvático a Talara sino capturar el mercado brasilero para nuestro petróleo y derivados. No olvidemos que los ríos amazónicos van a dar a la mar cruzando el territorio del Brasil y con justeza se podría decir que ellos tienen trazado su destino.

Toda la documentación pertinente sobre el caso quedó en mis oficinas, ocupadas primero por la policía y después por los «trabajadores» de los talleres de Oiga. Hoy -marzo de 1978- no existen. Se hicieron humo junto a muchos otros importantes e irrecuperables documentos y a las máquinas de escribir y hasta a las sillas y astillas del antiguo Oiga.

Entre aquellos papeles, por ejemplo, se encontraba un testimonio contundente sobre la inconstitucionalidad del acuerdo petrolero con los japoneses, el del opinante más valioso sobre el tema en aquel momento, el del constituyente que presentó y fundamentó, en la Asamblea del 33, el artículo constitucional violado por el contrato en discusión. La opinión del doctor Luciano Castillo, indispensable para el esclarecimiento de los alcances del artículo 17 de la Constitución, quedó confinada seguramente a una desganada lectura policial, si es que no se extravió o fue a dar a la basura en el desmantelamiento de mi escritorio. En todo caso fue sumido en el ominoso silencio al que las dictaduras condenan a los pueblos cercenándoles la libertad de prensa. Ninguno de los doctos defensores de ese acuerdo petrolero, encaramados en los diarios estatizados, quiso acordarse que estaba vivo el autor del artículo 17 de la Constitución.

Salí al destierro en noviembre de 1974, acosado por bombas que nadie protestaba y nadie investigaba; injuriado, vejado, acusado de ser agente de la CIA, ante el gozoso beneplácito y los aplausos de los periodistas estatizados; perseguido judicialmente, con ensañamiento, por el delito de advertir a tiempo el abismo económico en e! que estábamos cayendo. Una advertencia que fluía con preocupada alarma del simple análisis de las balanzas comercial y de pagos, así como de las sospechas que despertaba el escondido endeudamiento externo. Antes de finalizar ese año -el 74- ya era visible un descomunal déficit comercial y un fuerte deterioro de la producción, a la vez que se le hacía difícil al gobierno ocultar que ya se habían superado con exceso los límites razonables de endeudamiento. Las proyecciones de estas tendencias llevaban irremediablemente a la catástrofe económica y hacían imperativo tomar de inmediato medidas adecuadas de corrección financiera y frenar en seco la demagógica e irresponsable política de subsidios a la importación de alimentos que se estaba siguiendo; lo que, por otra parte, empobrecía aún más a una agricultura empobrecida por la Reforma Agraria koljosiana de "revolución" militar en su primera fase. También era indispensable corregir las distorsiones y trasgresiones oficiales a esa misma ley agraria que de continuo se producían en el campo y el desorientado y desactivador accionar del gobierno en el terreno industrial y minero. Además, para recuperarse del declive productivo, el país tenía que detener sin contemplaciones el acelerado crecimiento de una burocracia inepta, kafkianamente dispuesta a trabar la administración pública.

No era asunto de contener el proceso revolucionario -con el que yo estaba y estoy de acuerdo porque el Perú se ahogaba en el inmovilismo-, sino de enrumbarlo hacia la racionalidad, poniendo de lado la improvisación infantil, el disparate de la ignorancia y el rencor y el odio, que ni son revolucionarios ni tienen nada que ver con la ciencia económica.

Hoy vuelvo no para constatar que el faraónico y nada indispensable oleoducto pesa como fardo de plomo dentro de una descomunal deuda externa; ni para comprobar que estuvieron acertadas las predicciones de Oiga sobre la crisis económica, aunque jamás sospeché que llegaría a la magnitud a la que ha llegado; y tampoco vuelvo para pasar revista a los agravios y daños que sufrí.

Vuelvo para recordar la frase célebre de fray Luis de León, el "como decíamos ayer", tantas millones de veces repetido, porque el hombre vuelve y vuelve, infatigable, a poner las mismas piedras en su camino y vuelve y vuelve a tropezarse con ellas, revolviéndose continuamente en el campo político entre la piedra de la represión y la vuelta a la libertad, entre el rencor y el perdón por lo sufrido. Situación, claro está, nunca expresada con la grandiosa generosidad del "como decíamos ayer" salido de los labios del exquisito poeta leonés, fraile que gustó el deleite que produce la huida del mundanal ruido. Yo quiero caer en un deleite prosaico, en el terco empecinamiento de insistir e insistir en lo mismo. Por eso el "como decíamos ayer y anteayer... ".

Vuelvo para continuar con las viejas prédicas de Oiga a favor de la libertad, libertad sin otro límite que el código penal; del orden, no del orden del un, dos, de los cuarteles sino del orden que emana del imperio de la ley, un orden que no sea imposición del gobernante sino pacto legal entre el mandatario y los ciudadanos; a favor de la justicia social o sea de una racional distribución del bienestar; y también de la moralidad en todos los niveles, de la decencia pública.

He retornado en momentos en que algo de libertad se respira, a pesar de que continúa la confiscación de los medios masivos de expresión y sigue vigente, amenazante, el con negro humor llamado «Estatuto de la Libertad de Prensa»; y a pesar de que la prensa diaria -la confiscada- salvo raras excepciones, no sea otra cosa que boletín al servicio del gobierno de la segunda fase de la "revolución" militar.

Vuelvo con los ojos en su sitio, mirando el futuro y no atraso Dispuesto a colaborar en una tarea nacional que hoy, ante la posibilidad de que los militares devuelvan a los ciudadanos el derecho a gobernarse, se hace imprescindible. Me refiero a la concertación de alguna forma de alianza entre todos los peruanos para hacer frente a la crisis actual, que no sólo es económica, sino también social y política. Una crisis excepcional que abarca a la nación en su conjunto y que nacionalmente -sin exclusión de los militares tendrá que ser superada, como tantas otras crisis lo fueron en el pasado.

Para dedicarse a esa pesada, serena y fecunda labor sale nuevamente a la calle Oiga, esta vez con un 78 como moderno rostro.

Vuelve Oiga para ratificar su apoyo al necesario proceso de cambio que requiere el Perú. Proceso de cambio que inició la Fuerza Armada en 1968 y que no debe detenerse, aunque muchas cosas se hayan hecho muy mal. Creo que la historia le hará justicia a Juan Velasco Alvarado y estoy convencido de que, a pesar de los errores cometidos, mucho peor hubiera sido quedarnos congelados en un pasado sin alicientes ni perspectiva. Enmendar yerros, enderezar entuertos, cambiar de rumbo, no sólo es un deber sino que esa tarea puede ser un nuevo y gran impulso para insistir en el cambio y la renovación.

Vuelve Oiga con ánimo de extender el diálogo a la derecha y la izquierda. ¡Que no nos parezcan osos salvajes los rojos ni ogros feroces los conservadores! y vuelve para informar con la menor parcialidad posible, alejando de sus opiniones todo sectarismo y dogmatismo, lo que no quiere decir que haya perdido esa capacidad de indignarse que reclamaba el maestro don Miguel de Unamuno ni que abandone la dosis de pasión que siempre ha puesto en la defensa de lo que cree justo. Oiga 78 seguirá manteniendo, dentro de la evolución natural de la vida, la inquebrantable posición política de la revista o sea, para decirlo en términos accesibles, este semanario seguirá siendo de izquierda. De izquierda porque cree que los medios de producción y las riquezas del país deben estar al servicio de la sociedad y sus beneficios distribuirse con una racional equidad. Desde este punto de partida se podrá llegar a metas fecundas por medio de distintos mecanismos, que no pierdan de vista que la política es ciencia de lo posible, que actúa sobre realidades y no sobre abstracciones. Actuar en contrario significará, tarde o temprano, hundirse en el fracaso. Oiga 78 tampoco echará al olvido un claro lema de Arnold Toynbee, que la revista ha hecho propio: el hombre del futuro encontrará solución a las dificultades del presente en una concepción equilibrada entre la justicia distributiva que ofrece el socialismo y el incentivo al individuo para que éste dedique su imaginación y energía a la creación y a la producción; algo parecido a eso que Alemania Occidental ha bautizado de sistema con economía social de mercado, sistema que se va aplicando de acuerdo a la realidad alemana.

Vuelvo también, por lo tanto, para aclarar otra vez -y no será la última seguramente- ese dificilísimo equilibrio del justo medio en el que siempre ha tratado de colocarse esta publicación, postura de realista sensatez que Oiga defiende con pasión y que le ha valido y le valdrá el calificativo de reaccionaria para la izquierda delirante y de procomunista para aquellos caballeros que no entienden ni entenderán que el mundo, como la vida, es mutación, cambio, evolución. Oiga es de izquierda porque, sin satanizar a nadie ni a nada que no sea la corrupción y la inmoralidad, se siente al lado de los humildes, de los necesitados, y no de los ricos; porque le repugna el dogma y propicia el diálogo sin barreras; porque abomina cualquier inquisición; porque cree que no hay mayor castigo para un pueblo que el mantenerlo en el oscurantismo, en la sumisión a «verdades» administradas por una jefatura maniquea, omnisciente y omnipotente; porque estima que no hay desarrollo popular sin libertad para informarse, pensar, expresarse y elegir; porque no admite que los pueblos sean como niños, pasibles de tutela. En otras palabras, Oiga se confía en lo que dijo don Quijote, el caballero de la Triste Figura, a Sancho, su escudero, ilusionado aspirante a gobernador de ínsulas: si alguna vez se ha de doblar la vara de la justicia, que sea a favor del pobre, del desvalido, y no del poderoso.

Esta revista es de izquierda porque jamás aceptará la soberana tontería de que es posible llegar a la liberación popular pasando por «una necesaria, aunque pasajera, etapa de dictadura» policial. No caerá en semejante disparate porque tiene la certeza de que los nobles fines nunca podrán ser alcanzados por medios innobles, inmorales. La Historia enseña que persistentemente los medios bajos y malvados han suplantado a los fines propuestos, por muy nobles que éstos hayan sido; y siempre los suplantarán porque el mal no puede engendrar el bien. No hay dictaduras buenas y no hay dictaduras que no sean policiacas. La imposición, la arbitrariedad, el despotismo nunca dejarán de ser siniestros y despreciables. Y porque Oiga piensa así no es de derecha, aunque así lo califiquen los dogmáticos de izquierda.

Pero una nota periodística no puede esquivar, eludir, a la actualidad, no puede quedar en solemne enunciado de principios. Utilizaré, pues, a la actualidad para darle fundamentación práctica a mi pensamiento.

Veo con profundo dolor, con angustiosa pena, cómo pasan los días sin que el país advierta la gravedad de la crisis económica, política y social en la que está sumergido y sin que ningún sector responsable tome en serio la necesidad de llegar a un compromiso nacional, a un amplio entendimiento cívico para poner en acción la única arma para superar la crisis: en el campo económico, una alianza de la producción con las inversiones y, en el político, un pacto nacional para el diálogo. No hay fórmulas mágicas en economía ni en política. Y la realidad es ésta: si no se deja de satanizar a los empresarios no habrá inversiones sanas, reproductivas, no habrá nuevos centros de trabajo, no habrá crecimiento económico; como tampoco habrá lo anterior si sigue la ola de huelgas pulsarías, si los trabajadores no entienden que del cuero salen las correas y que no es conquista alguna la estabilidad en el trabajo si ésta se convierte en factor que impide que siga creciendo el cuero -los centros de trabajo-, porque la estabilidad sin producción, sin productividad, sin disciplina, no es el mejor sistema para llenar la olla de la casa, en donde la sobrecarga familiar es seguro que sí seguirá creciendo, con nulas perspectivas de ocupación.

Naturalmente que, por pensar así, seré calificado de reaccionario por el izquierdismo clasista y condenado a las profundidades del infierno marxista, sin posibilidad de réplica, ya que en este punto es clara y pública la posición sectaria, de olímpico rechazo al diálogo que no sea entre catecúmenos, adoptada por la izquierda delirante; posición, además, pregonada por ella sin disfraces: a un lado la clase trabajadora -aunque sus líderes sean niños bien que nunca han trabajado- y al otro los explotadores. y como es la cúpula gochista la que maniqueamente separa al Perú en buenos y malos, los calificados por ella de malos jamás tendrán oportunidad de dialogar con los buenos, si antes no se convierten a la buena fe... ¿Se diferencia en algo esta posición a la división en buenos y malos que hacía la derecha en la época odriísta?...

Sin embargo, el caso tendría menor importancia si no fuera porque la salud de la República requiere hoy justamente lo que esas dirigencias gochistas entorpecen con eficacia: diálogo entre todos los peruanos, esclarecimiento realista de la situación y planteamientos de entendimiento entre la capacidad empresarial y la capacidad laboral del país. Porque es necesario admitir y revelar que el Estado peruano, agobiado por una deuda externa descomunal, está imposibilitado de reemplazar a la empresa privada en la promoción del desarrollo; y también es indispensable divulgar que no existe ejemplo conocido de desarrollo sin inversión, sea interna o del exterior... ¿Hay capacidad de ahorro interno en el Perú fuera del sector empresarial? ¿No ha sido catastrófica la experiencia de este régimen, de esta "revolución" militar, que quiso reemplazar las inversiones extranjeras con préstamos extranjeros para hacer del Estado el gran inversionista?... Las inversiones se esfumaron, el Estado se transformó en un conglomerado empresarial elefantiásico e improductivo y los prestamistas están en la puerta con las facturas de la deuda en la mano... ¿Hay potencia mundial políticamente interesada y dispuesta a dar los muchos millones que hacen falta para la ilusa tarea de hacer de este complejísimo país que es el Perú y de su ineficaz régimen económico un modelo a seguir?

Frente a tan durísima realidad la sensatez exige no seguir dividiendo al país en buenos y malos; más bien -como lo han hecho los propios comunistas en algunos países europeos- es necesario abrir las puertas a un modus vivendi entre capital y trabajo. Es indispensable que el empresario -que aquí en el Perú no sólo pone su dinero en la empresa sino también su imaginación y su capacidad gerencial- no siga siendo señalado como delincuente y se libre del temor, que es cierto, a ser despojado en cualquier momento y con cualquier pretexto por el Estado. Y es preciso, insisto, que empresarios y trabajadores -al margen de naturales pugnas de clase-, así como el gobierno y los partidos, comprendan que la crisis actual no se resolverá sin una firme voluntad de entendimiento nacional. Las bases para ese concierto de voluntades no son secreto de iniciados. Las acaba de precisar el presidente Morales Bermúdez en su amigable charla televisada de la semana pasada. Sólo falta pasar de la teoría a la acción.

Para alcanzar la meta, como he insistido tantas veces en estas líneas, el diálogo es esencial. Sin embargo ¿estamos preparados anímicamente para dialogar?...
Hace unos días, de paso por Lima, un amigo residente en el extranjero -uno de los muchos talentos peruanos desparramados fuera- me decía apesadumbrado y espantado: «Después de seis años de ausencia, me encuentro que se ha hecho imposible dialogar en este país. Nadie entiende razones y mucho menos las múltiples sutilezas que cada razón encierra. Basta que alguien haya sido apenas rozado por alguna de las reformas o por los abusos del régimen para que se erice ante cualquier argumentación de izquierda y dé beligerantes muestras de un derechismo obcecado y pigmeo. Y también he hallado intratables -terminaba mi amigo-, por dogmáticos y necios, por fanáticos e inquisitoriales, a los hombres de izquierda. No hay con quién hablar».

Yo miraba con gesto comprensivo a mi desilusionado amigo y meditaba en la difícil, quién sabe imposible tarea que se ha impuesto Oiga 78: hacer entender a la gente que los razonamientos, cuando no son estériles monólogos, no debieran excluirse unos a otros sino, al contrario, bueno sería que se entrecrucen para conformar un diálogo, dando así signos de vitalidad e inteligencia. Pensé en la incomprensión que despertaría esta urticante posición del justo medio escogida por Oiga 78, con ánimo de interpretar la conciencia nacional y no sólo la de un bando. Sobrarán -calculé- los que se pregunten ¿qué beneficios pretenderá lograr Oiga 78 con esa postura arribista de ponerse al medio?

No entienden, quienes equivocadamente creen que justo medio es intentar estar bien con todos, que se trata de la más incomprendida y la peor pagada de las posiciones, quién sabe la más ingrata, pero también la más necesaria en el Perú de hoy. Porque el justo medio -adviértase el concepto de justo- no indica colocarse en el fiel de la balanza, en la quieta neutralidad, sino en hurgar razones en los argumentos de un bando y otro y en tratar de conciliar los fomentando el diálogo, con el propósito de encontrar una solución, que nunca será del agrado de los fanáticos, por desgracia hoy tan abundantes en nuestra patria.

Creer que los problemas del Perú -que han llegado a un punto de colapso- podrán solucionarse sin la participación de todos los peruanos, sin un diálogo nacional, es una simple insensatez. Y contra ella se alza Oiga 78. También y sobre todo contra la otra «solución», a la que aspiran los sectarismos de todos los colores: la totalitaria aniquilación del adversario. El justo medio es hallar la difícil solución democrática -gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo-, que le cierre el paso a la tentación totalitaria de derecha e izquierda.

Vuelvo del destierro con el firme propósito de cumplir esta tarea, repitiendo las mismas invocaciones de los Oigas de ayer y de anteayer.

sábado, 2 de mayo de 2009

Canta claro por Francisco Igartua - "Hay que remover el agua para enturbiarla" - Diario Expreso 14/02/2004


EXPRESO 14/02/2004

CANTA CLARO
Por Francisco Igartua

Hay que remover el agua para enturbiarla


En tiempos remotos, cuando el agua se sacaba con balde de los ríos y nadie podía imaginar el servicio de agua potable a domicilio, se sabía que esta no debía moverse para que no se enturbiara De allí surgió el di­cho de que quien remueve el agua es para confundir las cosas y evitar la claridad. Persiste, porque ella precisa descripción del afán por ocultar algo añadiéndole impertinentes comentarios a un hecho que, por sí so­lo, explica la situación por él creado.

Esta práctica política no es patrimonio nacional, pe­ro en pocos sitios se da tan burdamente como aquí. Es el caso de la declaración de César Almeyda Publicada en Caretas antes de que se conocieran (aparte de algu­nos periodistas) las dimensiones del embrollo en que estaba comprometido el asesor y hombre de absoluta confianza del presidente Toledo. En esa declaración, sin duda espontánea, hecha por el pánico que le produjo saber que existía un audio de su diálogo con el ge­neral Villanueva y que iba a hacerse público, Almeyda confiesa que actuó como actuó por luz verde que le dio el entonces ministro Fernando Olivera, El que, des­pués de una larga conversación en Palacio con el pre­sidente Toledo, le haya sobrevenido una escalada de amnesia que fue disminuyendo sus recuerdos sobre Olivera, nada cambia su declaración primera.

Menos aún la revolvedera de aguas, resaltando la presencia de unos malandrinos que negociaban impú­dicamente un audio cuya importancia no es lo que en él se dice, que no es mucho, sino prueba que nada qui­tan si ponen a lo dicho libremente por Almeyda, quien acaba de declarar que no será chivo expiatorio y revelará toda la verdad. O sea que aquietará las aguas y pondrá en ridículo los sicosociales de estos días, destinados a distraer a la ciudadanía de un asunto que no es anécdota, como se quiere hacerlo pasar, sino revelación de las entrañas de un régimen (Toledo-Olivera) obsesionado por controlar a la información, a sabiendas de que información es po­der. Pero ellos no la quieren compartir con nadie y no usan los conductos regulares para obtenerla De allí las patinadas de Olivera. Entre otras, su apresurado viaje al Vaticano, como ministro de Estado, llevando cartas que comprometían al cardenal Cipriani y al Nuncio. Cartas fraguadas por alguien que estafó a Oli­vera y lo colocó no sólo en el ridículo, sino que puso en evidencia el modo de hacer política del líder del FIM. Para él (y al parecer también para Toledo) la in­triga, la extorsión y el chantaje son su método de ejer­cer el poder. Basta recordar el vil ensañamiento que tu­vo con Beatriz Merino cuando esta era parlamentaria y renunció al FIM. Para difamarla cobardemente acu­dió Olivera al EXPRESO subvencionado por Fujimori y del que era director su íntimo amigo, Calmell del So­lar, en estos momentos fugado del país luego de una extrañísima orden de liberación dada un viernes para que de la cárcel llegara a la frontera.

El caso Almeyda-Villanueva no es una anécdota, es el hilo que lleva a descubrir las razones íntimas del de­sastre toledano.

Canta claro por Francisco Igartua - "La realidad no es lo que aparenta ser" - Diario Expreso 17/01/2004


EXPRESO 17/01/2004

CANTA CLARO
Por Francisco Igartua

La realidad no es
lo que aparenta ser


Lejos de aclarar el panorama político nacional, la pre­sentación del gabinete Ferrero ante el Parlamento ha os­curecido aún más nuestra ya oscura vida política. La ma­siva abstención que impidió el voto de censura (aparte de tres votos de los propios interpelados) fue un gesto de respeto a la persona del doctor Carlos Ferrero, de fecunda actuación conciliadora mientras fue presidente del Congreso. No de esperanza en el equipo ministerial, de notoria baja calidad en su conjunto. Si­tuación que ha puesto sobre el tapete la posibilidad de que el premier Ferrero resulte siendo otro fusible de Pa­lacio. Al parecer, Toledo estaría deseoso de ser licencia­do, pues no hay otra explicación a tanta torpeza para ir rebajando el nivel de sus colaboradores. En otras palabras, el Congreso se ha hecho eco del clamor ciudadano para que personalidades del nivel de Beatriz Merino y Carlos Ferrero tengan mayor participación en la selec­ción de sus equipos ministeriales. Si esto no ocurre, la suerte del premier Ferrero está echada. Seguirá el cami­no de Beatriz Merino. ¿Y a dónde irá a parar nuestra inestable República?...

El tema no es, pues, lo que dijo o calló en su exposi­ción el flamante Premier. Lo que importa es desentrañar el significado de las movidas políticas que se han produ­cido en torno al nuevo gabinete. La más notoria, sin du­da, han sido los primeros pasos del embajador del Perú en España, señor Fernando Olivera, para romper la alian­za del FIM con el gobierno. Sus exigencias públicas para que el gobierno atienda una larga listó de reclamos (los mismos que la oposición ha venido haciendo desde el inicio del régimen de PP-FIM) no significa otra cosa que el propósito del señor Olivera de pasar a ser un nuevo y flamígero adversario del gobierno toledano, con la mirada puesta en las elecciones del 2006, en las que el líder fimista sueña llegar a la segunda vuelta como el abanderado del antiaprismo.

Ya la vaca del Estado ha sido bastante ordeñada desde la embajada en España y desde su cuota de ministros. Ahora le toca ir montando la candidatura presidencial de Olivera, opo­sitora a Toledo, con reclamos radicales que recién descu­bre y que hasta ahora ha venido callando, a pesar de es­tar viviendo (provechosamente) en las entrañas del régi­men al que comienza a criticar con acidez. A pesar de tan claras evidencias de que Olivera prepara un próximo alejamiento del régimen, el presidente Toledo insiste en que su alianza con el FIM está "más fuerte que nunca" y lo mismo declara, aunque con menor énfasis, su socio, el embajador en España con presencia constante en Lima. Hipocresías de la política que a nadie engallan y que abren tremenda interrogante sobre cómo será el próxi­mo escenario político peruano. ¿Será una nueva correla­ción de fuerzas que el premier Ferrero está esperando para tomar decisiones propias de concertación nacio­nal?... Pronto se sabrá, pues la situación actual es tan crítica que no puede durar mucho.

Y un añadido final. Nada tiene de democrático el co­mentario que algunos políticos hacen contra los parlamen­tarios fujimoristas, por el "delito" de votar a favor del gobierno. Esa actitud intolerante, fascistoide, solo logrará que crezca cada vez más la votación a favor del viejo régi­men. Esos parlamentarios tienen mandato popular, por lo general mayor que el de quienes pretenden excluirlos.

Canta claro por Francisco Igartua - "Arica: La del perro del hortelano" - Diario Expreso 10/01/2004


EXPRESO 21/06/2003

CANTA CLARO
Por Francisco Igartua

Arica: La del perro del hortelano


Tocar el tema político nacional se ha hecho algo así co­mo dar vueltas en redondo sobre un solo eje, sobre una misma pesadilla: los desatinos gubernamentales con sus telenovelas de fondo. Es el caso del desacertado nombra­miento del señor Ramírez Canchari como ministro de Trabajo. No por la gestión que va a cumplir (que podría desmentir las predicciones), sino porque el solo nombra­miento tiene que haber desanimado a inversores y empresarios, quienes son los generadores de trabajo. En po­lítica los gestos dicen mucho. Y este dice lo contrario de lo que se quiso decir. Se trata de tan extremo masoquis­mo que parece deseo de suicidio.

No vale, pues, la pena de seguir tocando el tema. Pase­mos más bien a los diálogos y entrevistas sobre la salida al mar, reclamada por Bolivia, asunto que ha animado nuestras últimas noches de televisión, revelando hechos que yo desconocía. Sé ahora, por boca de un diplomático peruano de nombradía, que el tratado de 1929 fue negociado directamente por el presidente Leguía, a espaldas de Torre Tagle. Lo que explica la evidente carga política de los complementos al tratado, complementos que en nada cambian la línea de frontera señalada en el docu­mento (Arica pasó a plena soberanía chilena), pero sí añadían florentinismos limeños (no florentinos) para dar la falsa sensación de que el Perú no había abdicado sobe­ranía total de esos territorios. Leguía, como político, que­ría salvar la cara y enredó las cosas, poniendo en aprie­tos no a Chile, sino a cualquier interés de terceros en la zona (Bolivia). Una posición de perro del hortelano que no come ni deja comer y que en nada ha beneficiado al Perú.

Quién sabe la intervención más interesante, no solo por lo que dijo, sino por lo que dejó entrever, fue la de Rodríguez Elizondo, periodista chileno que pasó años en el Perú y dejó amigos que mucho lo recuerdan. En palabras gratas a los oídos peruanos puntualizando la situación en concor­dancia con las recientes declaraciones del presidente La­gos, o sea, explicó que Chile tiene posiciones de Estado que no varían de un gobierno a otro y cuyo norte fue traza­do por Diego Portales en el siglo XIX. También, sin querer queriendo, recordó que la salida al mar para Bolivia ya ha­bía sido concertada y aprobada en 1975 con el "abrazo de Charaña" entre los presidentes Banzer y Pinochet. No dijo más, porque ya estaba todo dicho: Chile no es responsable de que ese entredicho todavía no haya sido resuelto. Tampoco Bolivia, que había aprobado el acuerdo. No necesita­ba decir que el Perú fue el responsable.

Frente a esta posición, que refleja una política nacio­nal coherente, estable y firme, los declarantes peruanos jugaban con las palabras y se refugiaban en razones sentimentales derivadas de la derrota de 1879... Con seme­jante criterio, la Comunidad Europea (donde abundan las derrotas) no se habría formado, sería un nonato, capricho de algunos ilusos intelectuales y no la formidable potencia que es ahora.

La lección es clara. El Perú necesita un derrotero nacional y defender sus intereses. Por lo pronto, no debe entrometerse con propuestas extravagantes en el dife­rendo boliviano-chileno y sí defender, en el momento oportuno; sus límites marinos, donde están en juego mi­llones de dólares.

Aquí acaban estas atropelladas líneas, porque el espa­cio es tirano en este oficio.

Canta claro por Francisco Igartua - "Excesivos excesos de la CVR" - Diario Expreso 21/06/2003

EXPRESO 21/06/2003

CANTA CLARO
Por Francisco Igartua

Excesivos excesos de la CVR


Al momento en que se va desvaneciendo dramática­mente la gobernabilidad en el país y asoma de nuevo el rostro mefítico del terrorismo, la Comisión de la Verdad ha llegado al extremo de viajar, ¡en busca de "apoyo po­lítico"!, a los EE.UU. Y, a la vez, sigue dando muestras de no tener una visión serena de la tarea que le fue en­comendada. Con hipocresía frailuna quiere explicar su infeliz declaración de que Sendero y el MRTA son parti­dos políticos, alegando ahora que su intención es "rein­corporar" esas bandas polpotianas al sistema democrá­tico. Apunta así a borrar la publicidad que les dio a es­tos criminales, presentándolos en la Tv como chicos arrepentidos de un camino equivocado.

No, señores comisionados, no. Esas bandas asesinas no son partidos políticos y peor aun sería ¡reincorporar­los a la democracia! ¿Para qué? ¿Para, una vez libres, reincorporarse –aquí sí cabe el término reincorpora­ción –a la lucha armada que ya está de retorno, con no pocos senderistas liberados entre sus filas?

Y, ¿qué "apoyo político" pueden estar buscando los comisionados en los EE. UU.? El único respaldo político que necesitan, y que ya tienen en exceso, es el que les da la prensa, la sociedad y el gobierno peruano. Sin em­bargo, descaradamente se proponen hacer lobby en Washington para presionar al Estado que los nombró y les cubre todos sus gastos –incluido este paseo– para que sus recomendaciones sean atendidas como un mandato. Dicen, también, que buscan financiar las re­paraciones civiles a favor de las víctimas del horror desatado por Sendero, pero ojalá que no sólo sea financiación, porque al Estado peruano se le hace abrumador el pago de las indemnizaciones millonarias (a escala yanqui), que en estos casos impone la Corte Interamericana, de la que, curiosamente, se excluyen los EE.UU.

Todo esto no significa que olvidemos el espanto de lo ocurrido y no reflexionemos sobre cómo evitar que sec­tas sanguinarias como Sendero vuelvan a sembrar, en el Perú, el delirio de la violencia y las fuerzas del orden no vuelvan a cometer los crímenes que cometieron. Pero debe haber racionalidad en el análisis, y precisión y ver­dad a la hora de señalar responsabilidades. No es justo que se sindique de asesinos a quienes mataron en medio del accionar militar (que siempre será brutal), contra al­zados en armas que cometían todo tipo de horrendas salvajadas contra indefensos campesinos y contra casi inermes policías. En una guerra, el movimiento de unas ramas hace que el soldado dispare al busto, pudiendo haberlas movido un conejo o un niño. Así es, y así será siempre la brutalidad de la guerra. Pero, otra cosa im­perdonable y para no ser olvidada jamás, son las masacres en frío cometidas por algunos militares desquicia­dos. Ahí sí el olvido es un delito, igual al olvido del por­qué y cómo se produjo tamaño desvarío de muerte.

Lo que falta en la Comisión de la Verdad es equilibrio y eso no podrá alcanzarlo con integrantes que, más que imparciales en la contienda, fueron amigos cercanos de la prensa que, sibilinamente, apoyó a Sendero.

Canta claro por Francisco Igartua - "Los soviets, Sra. Macher, no son un partido politico" - Diario Expreso 14/06/2003

EXPRESO 14/06/2003

CANTA CLARO
Por Francisco Igartua

Los soviets, Sra. Macher,
no son un partido político


Con estupor he visto y leído, en la prensa y la Tv de es­tos días, a respetables voceros de la sociedad civil (Tapia, Macher, De Althaus, Gorriti) dando cátedra de sabiduría política Lo han hecho, sin embargo, con tan vanidosos aires de perdonavidas que han acrecentado el disparate de calificar a Sendero Luminoso de partido político.

Frente a tan grande tontería no puedo dejar de aprovechar la ocasión para reírme un poco a costillas de estos defensores de la ideología como partido po­lítico. Reírme, porque enojarse sería un desperdicio de energías.

¿De dónde acá una ideología es partido político?... Otra cosa es que con base en ideologías se formen parti­dos políticos, entidades que solo pueden ser hijas de la democracia Los partidos políticos que niegan la posible existencia de competidores de su ideología (los partidos únicos, dueños de la verdad) no son partidos políticos. Son una partida, banda, asociación de facinerosos, por­que su aspiración es liquidar a la democracia y establecer el totalitarismo. No son, repito, partidos políticos. Y las bandas criminales como Sendero o el MRTA lo son menos aun, porque se inician como delincuentes, en contra­posición a la confrontación de ideologías que solo en de­mocracia puede darse.

Al parecer, el origen marxista de algunos de los cita­dos les hace creer que, como existen partidos comunis­tas a los cuales admiraron, el comunismo es partirlo político. No, señores Tapia y Macher. Cuando el comunismo, el fascismo y el nazismo llegan al poder y entronizan su camuflada ideología de partido único, dejan la apariencia de partidos políticos y se transforman en bandas criminales del aparato del Estado. El Soviet y el Reich son la negación de la democracia, que es, repito, confrontación de posiciones ideológicas, no producción de cadáveres. Ni Sendero ni el MRTA han pasado siquiera por la etapa del camuflaje.

El concepto de partido político, cuyo germen está en el diálogo griego, nace con la Revolución Francesa en cuanto esta deja de ser barullo y guillotina. Y un partido político está organizado cuando sus afiliados tienen un pensamiento igual frente a los problemas del Estado, más que cuando los aglutina una ideología. Puede haber, por ejemplo, católicos en partidos políti­cos contrapuestos.

Los partidos políticos son hijos legítimos de la demo­cracia, de la confrontación de pareceres o, para decirlo con palabras de Federico More, "fundados en la coexistencia amistosa de todas las clases sociales; en la libre convivencia y en la honesta discrepancia". No tienen pues cabida en ella (en la democracia) los grupos, bandas o facciones que se proponen establecer una dictadura de pensamiento único. Darles categoría de partidos políti­cos a Sendero Luminoso o a los tupamaros es una aberra­ción; es comparar, poner al mismo nivel, la barbarie nazi o soviética con el libre juego de las ideas e intereses en los que se funda la democracia.

Bien ha dicho, por lo tanto, presidente Paniagua cuando afirma que "Sendero, no fue, no es ni podrá ser un partido político porque, para serlo, hay que ser una orga­nización que compita en democracia". Añadiendo que "democracia no es una lucha entre bandas criminales que pretenden imponer por la fuerza sus puntos de vista".

Canta claro por Francisco Igartua - "El ejemplo argentino y la crisis peruana" - Diario Expreso 07/06/2003


EXPRESO 07/06/2003

CANTA CLARO
Por Francisco Igartua

El ejemplo argentino
y la crisis peruana


No es cierto que, como dice PPK, en el Perú todo se amelcocha, se amazamorra, insinuando que aquí nunca pa­só ni pasará nada. Es esta una visión antigua, perversamen­te optimista. Hoy, dentro de esa viscosa realidad, hay nue­vas variables que permiten avizorar un mañana diferente y más que incierto. No hay duda de que, si observamos con los ojos del pasado, sería fácil asegurar el desenlace del ac­tual desgobierno en el que hemos caído luego de la salida en falso de los militares y la entrega del Ministerio de Educación a la comprobada eficacia política (no educativa) del partido Patria Roja, controlador del sindicalismo magiste­rial, solo confrontado por Pucallacta, un partido más rojo que Patria Roja. Mientras que la mayoría de maestros calla por miedo y porque la huelga le abre alguna esperanza de mejorar su suerte.

Frente a esta realidad –fallo estrepitoso del "¡basta ya!" presidencial y la inminente politización de los colegios–, la salida tradicional hubiera sido (antes de que se firmaran los 40 puntos que pondrán en manos del SUTEP la educación nacional) un golpe militar que detendría el problema, pero dejando intactas las causas de esas rebeldías. Hoy, se­mejante "solución" no es posible por razones evidentes; salvo que los EE UU vuelvan a viejas andadas y decidan que la redención peruana salga de los cuarteles, con lo cual habríamos vuelto a la “normalidad" que decía Martín Adán, o sea, a la mazamorra a la que se refiere PPK ¿Que esta de­cisión sería incongruente con el apoyo abierto del Departamento de Estado al candidato Toledo?... Sí, pero para los imperios la congruencia es muy elástica A estas provincias sudamericanas nos queda, pues, poco margen para hacer política propia.

Dentro de ese margen es que me aventuraré a puntualizar las posibles variantes de esta angustiosa situación. Por lo pronto, es totalmente equivocado creer que las de­cenas de miles que se manifestaron el martes en las calles de Lima y otras ciudades del país representan a las mayorías nacionales. Estas se pronuncian en las ánforas, no en las calles.

Lo que indican esas marchas es que la izquierda radical, cercana al senderismo, va tomando fuerza y podría alcanzar significativa presencia en el próximo Parlamento. Sin embargo, ¿habrá próximo Parlamento?... Me temo que no, Porque si, como es de prever, del desgobierno pasamos al caos, a la anarquía, no habrá elecciones. Se abrirá, un vacío de poder que, como siempre y en todas partes (De Gaulle en el 56), lo llenará la fuerza, no necesariamente militar en este caso. Esas minorías que capturan las calles podrían esta vez reemplazar a las milicias. Algo indeseable cuyo ca­si único remedio está en que los dirigentes nacionales adviertan que el gran problema peruano (la aguda presión so­cial) lo tienen que enfrentar sin medias tintas, poniendo de lado los imbéciles dimes y diretes en los que están sumer­gidos. Y un paso indispensable para ello –no como solución, sino como gesto que abra las puertas del diálogo sin­cero entre los de arriba y los de abajo– es seguir el ejemplo del presidente argentino y reformular revolucionariamente el Presupuesto (no maquillarlo a la limeña), así como bo­rrar cédulas vivas y otras vivezas. Es una aberración clamorosa que, frente al hambre de policías, maestros y enfermeras, haya muchos –muchísimos– funcionarios públicos que ganan miles de dólares mensuales; con derroche, además de viajes, custodios, propaganda.

A todo esto habría que añadir algo que, no por alambicado, deja de ser realista ¿por qué no puede haber un primer ministro jefe de gobierno, dejando que el Presidente ejerza como jefe de Estado? Sería un paso desesperado, avalado por la urgencia, que podría poner orden al desor­den en el que vivimos.

jueves, 30 de abril de 2009

FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Otra vez la inútil conseja de Brecht – Revista Oiga 11/08/1995


Se ha repetido tantas veces la conseja de Brecht, y tan inútil­mente, que me parece perder el tiem­po volverla a citar: Vinieron por el sas­tre de abajo, pero yo no era sastre... Vinieron por el vecino religioso, pero yo no era religioso... Hasta que vi­nieron por mí...

Lo mismo está ocurriendo hoy en el Perú y nadie o casi nadie se inmuta. La persecución no es contra ti, contra los individuos, sino contra las institu­ciones, muchas veces contra corpora­ciones adversas a tu sentir y ajenas a tu gremio, por lo que te quedas quieto, sin advertir que la próxima puede ser tu comunidad. Se agravió, por ejem­plo, a los jueces y magistrados y se arrasó con la institución judicial... y muchos pensaron ¿por qué deberían preocuparse los que no eran jueces, o magistrados?... Lo mismo ocurrió con los Colegios Profesionales, pero como millones de peruanos no son profesio­nales ¿por qué habría de cundir la alarma?... Los municipios fueron atropellados, pero como la mayoría no es concejal ni pretenden serlo hubo silen­cio... Se vilipendió a los políticos y a los partidos y como ni partidos ni políticos son gratos cuando están lejos del po­der, la multitud los repudió y los halló “tradicionales”, la nueva voz descalifi­cadora... Ahora le ha tocado el turno a la Iglesia, y para agraviarla impune­mente, con alevosía y ventaja, el agra­vio vino unido a un tema sobre el que la Iglesia sostiene una posición que no es bien vista por la mayoría de las gentes. Y la reacción es: ¿por qué rechazar esos agravios si uno no es religioso? ¿Por qué preocuparse por el manoseo a una institución que sostiene una posición diametralmente contraria a la libertad sexual, a la que uno es afecto?

El conflicto creado por el presiden­te de la República con su agresiva referencia, en el Mensaje del 28, al control de la natalidad, aderezada con unos cuantos insultos a la Iglesia, es un hecho político y no otra cosa. Un conflicto en el que nada tienen que ver las te de cobre, los condones, las abstinencias, las píldoras y ni siquiera el aborto. Se trata de un gesto político dirigido a someter a la Iglesia como institución, planteado en un terreno estratégicamente escogido para, en la confrontación buscada, el gobier­no cuente con todas las circunstan­cias a su favor, ya que son los más y no los menos los que prefieren no ser molestados con interferencias mora­les a la hora del placer sexual y son numerosísimos los ciudadanos con odio natural a lo religioso, a lo sobre­natural, a la disciplina ética que no parta de la propia voluntad. Aparte de que no hay persona consciente que no se preocupe y alarme con el creci­miento de la natalidad en medio de la miseria, el hambre, el abandono y la ignorancia.

No se trata, como Expreso ha que­rido hacer creer, de que los exabrup­tos presidenciales contra la Iglesia se produjeron como apurada y simple respuesta a la homilía del Cardenal Vargas Alzamora en el Te Deum, en la que éste hizo genérica y conceptual referencia a las obligaciones de los gobernantes. No. El Mensaje se pro­duce poco después del Te Deum y fue leído. Era un texto escrito de antema­no. Los insultos de “vacas sagradas y tabúes que se derrumban” fueron, pues, premeditadamente consigna­dos en el Mensaje para crear el conflicto político. Más todavía, al día si­guiente y al subsiguiente, en El Peruano, el periódico oficial del Estado -o sea de todos los peruanos-, apare­cen dos artículos donde se insulta a la Iglesia hasta la náusea -ver sección En el Perú-, bajo la firma del secretario del presidente Fujimori.

La intención política no puede es­tar más clara y sólo a los ingenuos se les ocurre caer en el juego y ensartar­se en la oscura polémica sobre méto­dos para lograr el sexo seguro. La Iglesia, con habilidad antigua, no cayó en el anzuelo. Planteó, en un comunicado del pleno episcopal, su razonado rechazo al aborto, al asesi­nato de una vida ya nacida, expuso su doctrina sobre los métodos de plani­ficación familiar y con un largo capo­tazo alejó de sus terrenos al toro bravo que el gobierno le había solta­do. Y para rematar la faena, con sosiego de civilización añeja, monse­ñor Irizar explicó: “Cada pareja y persona es responsable de su vida conyugal; en ese sentido nosotros ayudamos -desde la Iglesia- a for­mar conciencia, pues, al final, cada persona decide en su conciencia ante Dios. Por eso, al santuario de la con­ciencia, no entramos; ahí no entra nadie, mucho menos el Estado”. En resumen, la Iglesia no propone ni alienta una política poblacional. Ese es terreno del Estado. Lo que la Iglesia tiene es una doctrina al respecto que los fieles a ella y los hombres de buena voluntad están en libertad de seguir. Una doctrina que no propugna la pro­creación irresponsable sino la paterni­dad responsable y a la que le preocupa no tanto el número de habitantes sino la forma como estos aumentan.

FRANCISCO IGARTUA – EDITORIAL – Fujimori forever – Revista Oiga 4/08/1995


Todo estaba en orden, dispuesto espectacu­larmente: los presiden­tes de Sudamérica en pleno —excepto el del Ecuador—, bien a la vis­ta, dando la espalda a la bancada de la oposición; en el resto del hemiciclo, con las manos en los pupi­tres listas para aplaudir, la bancada oficialista... De pronto la Marcha de Banderas, los tatachines y ningún empujón. Todo en orden. En el estrado apareció con la banda impecable, cruzada al pecho, el presidente Alberto Fujimori. Vestía de oscuro, con elegancia... Los trucos de escena eran visibles. Pero, de los ahí presentes, el único que estaba al tanto del ritual organizado era Fujimori, quien daba las órdenes á un lado y a otro. Luego, sin preámbulo, comenzó el presidente su discurso, con tono de mando y voz de cuartel. Esas parrafadas iniciales, resu­men de sus cinco primeros años de go­bierno, los selló pidiendo un minuto de silencio por todos los peruanos muertos en estos años de guerra civil. Por todos, “porque todos, hasta los senderistas, son peruanos”. Un clarín vibrante —previa­mente ensayado sin duda— acompañó al sepulcral silencio de la Asamblea. Cerca del clarín había una cantante... El presi­dente de acercó a la presidenta del Con­greso y le colocó la insignia de Jefe de Estado. La señora doña Martha Chávez de Ocampo no sabía qué hacer con la banda que le había puesto Fujimori. Pare­cía enredada en ella, en el clarín y en la cantante que tenía a la vista; cantante a la que le correspondió coronar con su bella voz la segunda parte del discurso del presidente, concluido con un estudiado “y así podremos decir somos libres, seá­moslo siempre”, dándole entrada al ope­rático himno nacional en la solitaria voz de Cecilia Barraza.

En el mismo orden que se montó y se desenvolvió la espectacular y solemne Asamblea —teniendo como único direc­tor y actor al presidente Fujimori— ésta se disolvió. (Nadie vio ni sintió, ni siquiera los sabuesos de la prensa, a los vicepresidentes. Estuvieron como ausentes).

¿Acaso no hubo discurso?

Bueno, sí. Y hasta dos o uno en dos partes. Pero la puesta en escena y los trucos teatrales fueron parte integral del Mensaje presidencial, reforzaron la lectura del presidente Fujimori, resaltando su con­tenido autocrático que muchas veces que­dó velado o disimulado en sus palabras.

La primera parte, muy breve, antes del juego de quita y puestas de banda, la dedicó Fujimori a hacer un recuento alti­sonante, con aires marciales, de los reco­nocidos logros de su primer período —salvataje de la economía, devolución de la tranquilidad a la ciudadanía, redimen­sionamiento del aparato del Estado—; lo­gros que no sólo nadie niega sino que hasta la oposición aplaude, aunque no como la mayoría, que lo hace sin razona­miento alguno. No hubo, eso sí, un míni­mo de autocrítica. Sólo después de este acto, en declaraciones a la prensa, el pre­sidente Fujimori se lamentó de no haber podido cumplir su promesa de liquidar por completo a Sendero antes del 28 de Julio del 95. La reorganización de la banda terrorista es tan evidente que era imposi­ble no reconocer el hecho. Sin embargo, dejando entrever que él es todopoderoso hasta más allá de la muerte, añadió que el camarada ‘Feliciano’ no se le iba a escapar ni en el cielo ni en el purgatorio, “que es donde seguramente está”.

La segunda parte o segundo discurso fue el planteamiento, en líneas genera­les, de lo que será su segundo quinque­nio: más de lo mismo, pero mejor. Lo que bastó para satisfacer y hasta hacer delirar a las mayorías, que cada vez son más grandes y más disparatadas en sus opi­niones. Por ejemplo, el porcentaje de peruanos (14%) que consideran a Fuji­mori el personaje principal de nuestra historia es mucho mayor que el porcenta­je (8%) de los que prefieren a don Miguel Grau, el héroe de Angamos.

Trató de planes y metas a futuro que muchos de los propios partidarios de Fujimori han considerado demasiado va­gas e imprecisas, demasiado breves. Han faltado –dicen– referencias precisas so­bre economía, sobre la estructura del Estado que él esta inventando, sobre las reformas que el presidente tiene in pécto­re... Pero pueda que en este punto esos fujimoristas anden equivocados. Lo que un jefe de Estado traza en estas ocasiones no es un programa minucioso por hacer sino un lineamiento general de la ruta a seguir. Lo que hace es señalar el rumbo.

Y el nimbo planteado por Fujimori no es equivocado. Ha acertado al hacer hincapié en que la educación será la preocu­pación central del Estado en el próximo quinquenio; porque así como no hay desa­rrollo real y sostenido sin democracia –democracia sin añadidos como explicó el presidente Sanguinetti en Canal 4–, tam­poco lo habrá sin cultura, sin una pobla­ción debidamente educada. No está, pues, errado el presidente en el rumbo señalado.

Pero ¿cuál será el tipo de educación que tiene en mente el presidente Fujimo­ri?... Aquí ya el terreno se ablanda y el panorama se hace confuso. Lo que nos obliga a mirar hacia atrás y revisar lo ya hecho. Por ejemplo, en el campo econó­mico es evidente que Fujimori no se dio el trabajo diseñar una política económi­ca. Le bastó con ponerse a órdenes del FMI y del Banco Mundial. Y en ese cami­no andamos. En el problema terrorista se confió en los planes del Ejército y tuvo éxito, aunque hoy se va viendo que los métodos policiales son más eficaces... ¿Cuál será la receta educativa?

Por lo pronto, hasta hoy, el concepto que el régimen tiene de educación y de cultura no es alentador. Por un lado da muestras de creer críe educar es sólo construir escuelas y repartir computado­ras y, por otro, ha demostrado que no tiene idea del valor de los libros ni de la lectura en general. ¡Durante cinco años en el Perú se ha estado pagando 35.5% de impuesto al papel!

Es de esperar que las cosas cambien al haber hecho primer ministro al ministro de Educación.

Pero el Mensaje presidencial no se limitó a señalar metas, plazos y aspiracio­nes, también tuvo una buena cuota de ají y pimienta, dedicando una parte del pi­cante a hacer demagogia populista con el pan, lo que lo llevó a deslizarse hacia la lucha de clases, a azuzar a los de abajo contra los de arriba y a darles un susto a los harineros.
El gran picor lo reservó para la Iglesia, con la jerarquía nacional presente en el hemiciclo. Sin ninguna delicadeza le lan­zó el agravio- de vaca sagrada, dejando entrever que el Estado auspiciará el con­trol de la natalidad, incluido el aborto. Más tarde negó lo del aborto en rueda de prensa, pero dejó entero el agravio y la posibilidad de que –como dice uno de los cuadernillos del “Pajarillo Verde”– el Esta­do aplicaría la esterilización compulsiva “en los grupos culturalmente atrasados y económicamente pauperizados”... Con la habilidad ya demostrada frente al Po­der Judicial, a los Municipios, al Poder Electoral y a otras instituciones, Fujimori ha embestido a la Iglesia en un tema controvertido y en el que la posición religiosa no goza de simpatía. Con ello no trata Fujimori de colocar en lugares sepa­rados el ‘trono’ y el altar –lo que ya ocurre y es saludable– sino de lograr que el `trono’ impere sobre el altar y sobre cual­quier otra institución. Y esto es mucho, es desvarío. Es querer imitar a Napoleón, olvidando Santa Elena.